puede ser absorbido en otro objeto. De dos objetos con los que se quiere formar uno solo, es
necesario que uno pierda la propia forma, de otra manera jamás se llegaría a formar un solo ser.
(5) ¡Qué fortuna sería la tuya si destruyéndote a ti misma, hasta hacerte invisible, pudieras
recibir una forma toda divina! Es más, tú con quedar absorbida en Mí y Yo en ti, formando un
solo ser, vendrías a retener en ti la fuente divina, y como mi Voluntad contiene todo el bien que
puede existir, vendrías a retener todos los bienes, todos los dones, todas las gracias, y no
tendrías que buscarlos en otra parte sino en ti misma. Y si las virtudes no tienen confines,
estando en mi Voluntad según la criatura pueda llegar, encontrará su término, porque mi
Voluntad hace llegar a adquirir las virtudes más heroicas y más sublimes que la criatura por sí
sola no puede superar.
(6) Es tanta la altura de la perfección del alma deshecha en mi Querer, que llega a obrar como
Dios, y esto no es de asombrar, porque como no vive más su voluntad en ella, sino la Voluntad
de Dios mismo, cesa todo asombro si viviendo con esta Voluntad posee la potencia, la sabiduría,
la santidad y todas las otras virtudes que contiene el mismo Dios. Basta decirte, para hacer que
tú te enamores y cooperes cuanto puedas por parte tuya para llegar a tanto, que el alma que
llega a vivir sólo de mi Querer es reina de todas las reinas y su trono es tan alto, que llega hasta
el trono del Eterno, y entra en los secretos de la Augustísima Trinidad y participa en el amor
recíproco del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Oh, cómo todos los ángeles y santos la
honran, los hombres la admiran y los demonios la temen, descubriendo en ella al Ser Divino!”.
(7) ¡Ah Señor! ¿Cuándo me harás llegar a esto, porque por mí nada puedo? Ahora, ¿quién
puede decir lo que el Señor infundía en mí con luz intelectual sobre esta uniformidad de
quereres? Es tanta la altura de los conceptos, que mi lengua no bien adiestrada no tiene
palabras para expresarlos, apenas he podido decir esto poco, si bien disparatando, de lo que el
Señor con luz vivísima me ha hecho comprender.
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3-74
Mayo 26, 1900
El querer de Luisa es uno con el de Jesús.
(1) Encontrándome muy afligida por la privación de mi adorable Jesús, que a lo más viene
como sombra y relámpago, siento que no puedo seguir adelante si Él quiere continuar así.
Entonces, encontrándome en lo sumo de la aflicción, por poco se ha hecho ver, todo cansado,
como si tuviera necesidad de un alivio, y poniendo sus brazos a mi cuello me ha dicho:
(2) “Amada mía, tráeme flores y circúndame todo, porque me siento languidecer de amor. Hija
mía, el oloroso perfume de tus flores me será de alivio y pondrá un remedio a mis males, porque
languidezco y desfallezco”.
(3) Yo enseguida he agregado: “Y Tú, amado Jesús mío, dame frutos, porque el ocio y el
escaso sufrir aumentan de tal manera mi languidecer, que desfallezco hasta sentirme morir; y
entonces no sólo flores, sino que podré darte frutos para poder consolar mayormente tu
languidecer”. Y Jesús ha vuelto a hablar y me ha dicho:
(4) “¡Oh, cómo nos ajustamos bien, ¿no es verdad? Parece que tu querer es uno con el mío”.
(5) Por un momento parecía que quedaba aliviada, como si quisiera cesar el estado en el cual
me encontraba, pero después de un poco me he encontrado inmersa en el mismo letargo de
antes, privada de mi Sumo Bien, abandonada y sola.
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