más pequeña cosa y la más grande, animada y dominada por mi Divina Voluntad, es siempre
superior al hombre, porque sin Ella el hombre ocupa el último puesto, es él el degradado y el
más humillado en medio a todas las cosas creadas, es el más necesitado, el más pobre, que
para vivir debe tender la mano a todas las cosas creadas para recibir la caridad de sus benéficos
efectos, y a veces le viene negado por expresa Voluntad de quien las domina, es más, pone a
los elementos en contra del hombre para hacerle tocar con la mano lo que significa no vivir en
la heredad de Ella. Sólo mi Voluntad da la exaltación a las obras de nuestras manos creadoras,
las pone en puesto de honor, las provee de todos los bienes, en modo que de ninguno tendrá
necesidad, es más, la vuelve dominante de sí y dominadora de todo; en virtud de mi Voluntad
que poseen, todos se inclinan y se sienten honrados de hacerse dominar, por eso no temas,
porque el temor vuelve infeliz el bien que se posee y amarga las alegrías más puras, más santas
y divinas que hay en mi Fiat. Mucho más, pues cada acto hecho en mi Divina Voluntad forma
el alimento para alimentar los actos pasados hechos en Ella, porque tantos actos unidos juntos
han formado su Vida en el alma, y la vida no se puede conservar y crecer sin alimento, por eso
un acto sirve para conservar el otro y para formar la Vida de mi Voluntad en la criatura, los
repetidos actos forman el agua para regarla, el aire para darle el respiro continuo a esta Vida
toda de cielo, el latido para hacerle sentir el continuo latido de mi Querer, el alimento para
conservarla en vida. Y así como el cuerpo no puede vivir sin alimento, sin aire que lo haga
respirar continuamente, y sin latido que le dé el movimiento a toda la vida, y no basta haber
tomado el alimento alguna vez, respirar y palpitar a intervalos para poder formar la vida humana,
sino siempre, siempre, porque sólo los actos continuos tienen virtud de formar vida, de otra
manera la vida se apaga, así quien quiere formar en ella la Vida de mi Querer, tiene la necesidad
de actos repetidos, de modo que a esta Vida no le debe faltar ni el aire para hacerla respirar, ni
el alimento para alimentarla, ni el calor, ni la luz, para hacerle sentir la Vida del cielo en su alma.
Por eso no te preocupes de otra cosa, sino siempre adelante en mi Divina Voluntad”.
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28-32
Noviembre 24, 1930
Cómo no hay punto donde la Divina Voluntad no ejercite su
acto obrante hacia las criaturas, y éstas los reciben según
sus disposiciones. Jesús habla de castigos.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, pero mi pobre existencia se desarrolla
frecuentemente entre las amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús, y mientras lo suspiro,
llegando hasta sentir que me falta la vida, porque mi vida es Él, no conozco otra vida ni otro
placer que Jesús. Ahora, si por poco viene, mientras me siento revivir, ¡ah! aquél soplo de vida
que me da me lo amarga porque no me dice otra cosa que los grandes castigos que la Divina
Justicia tiene preparados, me dice cómo todos los elementos se pondrán en contra del hombre,
el agua, el fuego, el viento, las piedras, los montes, se cambiarán en armas asesinas, y fuertes
terremotos harán desaparecer muchas ciudades y gente, y en todas las naciones, ni siquiera la
nuestra será perdonada, y además, las revoluciones en las cuales son y serán arrolladas, y las
guerras que están por estallar, parece que casi todos serán tomados en la red que ellos mismos
se están preparando, pero lo dice con tal amargura, y además me deja sin las acostumbradas
penas que Él tenía costumbre de comunicarme. Mientras estaba amargada, seguía mis actos
en el Querer Divino, y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, elévate, ven en mi Voluntad obrante, Ella es inmensa, pero en su inmensidad
no hay punto donde no ejercite actos especiales y distintos hacia el género humano. Y si bien
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