mi Voluntad es una, una es su inmensidad, uno es su acto, pero en su inmensidad tiene el orden
de todos los efectos que como actos salen de un solo acto para verterse sobre de cada criatura,
la cual los recibe según sus disposiciones. Si ella se encuentra dispuesta a amarme, recibe los
efectos del amor que está vertiendo mi Querer obrante; si está dispuesta a ser buena, recibe los
efectos de su bondad obrante; si está dispuesta a hacerse santa, recibe los efectos de su
santidad, así que según sus disposiciones, la inmensidad de mi Fiat vierte sobre cada una de
las criaturas sus diversos efectos, que se convierten en actos para ellas, y quien no está
dispuesta nada recibe, a pesar de que mi Divina Voluntad está siempre obrante sobre cada una
de ellas, y como no quieren recibir el bien que les quiere dar, mi Justicia convierte en castigos
estos bienes que la criatura rechaza. Ésta es la causa de que mi Divina Voluntad, desde dentro
de los elementos está como vigilando, para ver si están dispuestas a recibir el bien de su
continuo obrar, y viéndose rechazada, cansada arma los elementos contra de las criaturas. Así
que castigos imprevistos y fenómenos nuevos están por suceder, la tierra con su casi continuo
temblor advierte al hombre para que tenga cordura, de otra manera se hundirá bajo sus pasos
porque no puede sostenerlo más, los males que están por suceder son graves, de otra manera
no te habría suspendido frecuentemente de tu acostumbrado estado de victima. Ahora, la
criatura que entra en mi Divina Voluntad, no hay acto que deje huir, ella corre a cada uno de los
actos obrantes de Ella, adora sus actos, los agradece, los ama, y honra dondequiera al Supremo
Querer, les hace compañía, y en su pequeñez quisiera cubrir todos sus actos con su pequeño
amor. Por eso sólo quien vive en Él puede defender los derechos de un Querer tan santo. Por
lo tanto, te quiero siempre en mi Voluntad, no quieras salir jamás de Ella”.
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28-33
Noviembre 30, 1930
La causa por la que Dios no es conocido y amado, es porque piensan
que es el Dios lejano de las criaturas, mientras que es inseparable.
La Divina Voluntad atrae al alma, y ella atrae a sí al Fiat Divino.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos que hace el Fiat Divino en
las cosas creadas, y habiendo llegado al Edén, me ha parecido que mi amable Jesús me
esperaba para poderme comunicar el amor, la bondad, la santidad, la potencia y todo lo que
hizo al crear al hombre, vertiéndose todo en él, hasta llenarlo todo de Sí y de sus cualidades
divinas, pero tanto, hasta desbordar fuera, dándole el trabajo, como el más alto honor del
hombre, de servirse de su amor, de su bondad, santidad y potencia para desarrollar su vida en
los mismos bienes de Aquél que lo había creado. Yo me sentía como empapada de las
cualidades divinas, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el hombre fue creado para ser inseparable de Dios, y si no es conocido y amado,
es exactamente porque se piensa que Dios es el Ser lejano del hombre, como si no tuviéramos
qué hacer, ni él con Nosotros, ni Dios con él; el creerlo lejano hace que el hombre pierda a Dios,
y se pierda todo lo que le di al crearlo, nuestras mismas cualidades divinas quedan debilitadas,
sofocadas, y para muchos como si no tuviesen vida; mientras que nuestra Divinidad no está
lejana, sino cercana, más bien dentro del hombre, y en todos sus actos somos actores y
espectadores, por eso nuestro dolor es grande al ver que las criaturas nos tienen junto, pero
creen que estamos lejanos de ellas, y por eso ni nos conocen ni nos aman. El pensarnos lejanos
es el arma asesina que mata el amor de la criatura hacia su Creador, la lejanía rompe cualquier
amistad, ¿quién puede pensar en amar, en conocer y esperar a un ser lejano? Ninguno, y
Nosotros somos obligados a repetir: ‘Estamos con ella, dentro de ella, y parece que no nos
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