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Noviembre 9, 1930
Diferencia entre el amor creado y el amor creante.
Dotes que Dios dio a las criaturas. Ejemplo.
(1) Vivo entre continuas privaciones de mi dulce Jesús, ¡ah! sin Él no encuentro mi centro a
dónde emprender el vuelo para reposarme, no encuentro la guía a la que pueda confiarme, no
encuentro a Aquél que con tanto amor, haciéndome de maestro, me daba las lecciones más
sublimes, sus palabras eran lluvia de alegrías, de amor, de gracias sobre mi pobre alma. Y
ahora todo es silencio profundo. Quisiera que el cielo, el sol, el mar, toda la tierra, vertieran
lágrimas para llorar a Aquél que no encuentro más, y que no sé a donde dirigió sus pasos. Pero,
¡ay de mí! Ninguno me lo señala, ninguno tiene piedad de mí. ¡Ah Jesús, regresa, regresa a
aquella a la cual Tú mismo le dijiste que no querías otra cosa, sino que sólo viviera para Ti y
contigo! Y ahora, y ahora todo ha terminado, mi pobre corazón está lleno, y quién sabe cuántas
cosas quiere decir de la pena que siente por la privación de su Jesús, de su Vida, de su Todo,
por eso paso adelante y pongo punto. Después, mientras me encontraba en el arrebato de las
amarguras, estaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, en un instante todo se me hizo
presente, y mi siempre amable Jesús haciéndose ver, todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, mi amor no tiene término, y por eso amo a la criatura con amor infinito e
insuperable. Tú dices amarme, ¿pero qué diferencia hay entre el amor creado y el amor
creante? Una imagen de diferencia te la da la Creación, mira el sol, su luz y su calor llenan tu
ojo, invisten toda tu persona, sin embargo ¿cuánta luz tomas? Poquísima, apenas una sombra
de la suya, y aquella luz del sol que ha quedado es tan vasta, que puede investir toda la tierra,
esto es símbolo de tu pequeño amor creado, que por cuanto te sintieses llena hasta el borde, es
siempre pequeño. El amor de tu Creador, más que sol, queda siempre inmenso e infinito, y
señoreando sobre todo lleva a la criatura en su triunfo de amor, haciéndola vivir bajo la lluvia
continua de su amor creante. Otro símbolo es el agua, tú la bebes, ¿pero cuánto bebes en
comparación del agua que existe en los mares, en los ríos, en los pozos, en las entrañas de la
tierra? Se puede decir que poquísima, y la que queda simboliza al amor creante, que en virtud
propia posee mares inmensos y sabe amar con amor inmenso a la pequeña criatura. La misma
tierra te señala tu pequeño amor, ¿de cuánta tierra tienes necesidad para apoyar tus pies?
Apenas un pequeño espacio, y aquella que sobra, ¡oh! cómo es grande. Así que entre el amor
del Creador y el de la criatura hay una diferencia distante e inmensurable. Además de esto,
debes agregar que el Creador al crear al hombre lo dotó de sus propiedades, así que lo dotó de
su amor, de su santidad, de su bondad, lo dotó de inteligencia y de belleza, en suma, de todas
nuestras cualidades divinas dotamos al hombre, dándole el libre albedrío para que pudiera poner
en comercio nuestra dote, engrandeciéndola siempre más según que más o menos crecía,
metiendo también de sus actos en nuestras mismas cualidades divinas, como encargo de trabajo
que recibía para conservarse y engrandecer la dote dada por Nosotros, porque nuestra sabiduría
infinita no quiso poner fuera la obra de nuestras manos creadoras, parto nuestro e hijo nuestro,
sin darle de lo nuestro. Nuestro amor no soportaría ponerlo fuera, a la luz del día, despojado y
sin propiedades, no habría sido obra digna de nuestras manos creadoras, y si nada le
hubiésemos dado, nuestro amor no se sentiría tan llevado a amarlo, porque es nuestro, tiene de
lo nuestro, y costó tanto a nuestro amor, lo amamos tanto, hasta poner en él mi Vida. Las cosas
cuando nada cuestan y nada se da, no se aman, y es propiamente esto lo que mantiene siempre
encendida, siempre viva la hoguera ardiente de nuestro amor, porque mucho dimos y damos
todavía ahora a la criatura.
(3) ¿Ves entonces qué gran diferencia hay entre el amor de la criatura y el del Creador? Si
ella nos ama toma de nuestras mismas propiedades dadas a ella para amarnos, pero a pesar