yo por correspondencia de homenaje y de amor, le doy el murmullo de mis actos que el mismo
Fiat Divino me hace hacer. Y mi siempre amable Jesús continúa diciéndome:
(5) “Hija mía, cada acto hecho en mi Divina Voluntad forma una resurrección divina en el alma.
La vida está formada no de un solo acto, sino de muchos actos unidos juntos, así que por
cuantos más actos se hacen, tantas veces resurge en mi Querer, en modo de poder formar una
Vida completa toda de Divina Voluntad. Y así como la vida humana está formada de tantos
miembros distintos para poder formar su vida, y si hubiera un solo miembro no se podría llamar
vida, y si faltase algún miembro se llamaría vida defectuosa, así los repetidos actos hechos en
mi Querer sirven como si formasen los diversos miembros de Voluntad Divina en la criatura, y
mientras sirven para reunir juntos estos actos para formar la Vida, sirven para alimentar la misma
Vida. Y así como mi Divina Voluntad no tiene termino, así cuantos más actos se hacen en Ella,
tanto más crece su Vida Divina en la criatura. Y mientras Ésta resurge y crece, la voluntad
humana recibe la muerte por estos mismos actos hechos en mi Divino Querer, no encuentra
alimentos para alimentarse y se siente morir a cada acto hecho en mi Divina Voluntad. ¡Pero
qué dolor! cuantas veces la criatura hace su voluntad en sus actos, tantas veces hace morir la
mía en su acto. ¡Oh! cómo es escalofriante ver que un querer finito pone fuera de su acto a un
Querer infinito que quiere darle vida de luz, de belleza, de santidad”.
(6) Después continuaba mis actos en el Querer Divino con mi acostumbrado estribillo: “Te
amo, te amo en todo lo que has hecho por amor nuestro”. Pero mientras esto hacía pensaba
entre mí: “Jesús bendito no tomará en cuenta mi estribillo ‘te amo’, ‘te amo’, entonces, ¿en qué
aprovecha decirlo?” Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(7) “Hija mía, el verdadero amor acompañado también de las palabras te amo, no me da jamás
cansancio, porque siendo Yo un complejo de amor, y un acto continuado de amor, que jamás
ceso de amar, cuando encuentro mi amor en la criatura, me encuentro a Mí mismo, y la señal
de que el amor de ella es parto de mi amor, es cuando es continuo; un amor interrumpido no es
señal de amor divino, a lo más puede ser un amor de circunstancias, un amor interesado, que
una vez que cesan estas cosas cesa el amor; y también las palabras te amo, te amo, no son
otra cosa que el aire que produce mi amor en la criatura, que condensado en ella produce como
tantos rayos de fuego hacia Aquél que ama, y Yo cuando oigo decir te amo, te amo, ¿sabes que
digo? Mi hija relampaguea en el aire de su amor hacia Mí, y un relámpago no espera al otro. Y
además, todos los actos continuos son los que tienen virtud de conservar, alimentar y crecer la
vida de las criaturas; mira, también el sol surge cada día y tiene su acto continuado de luz, no
se puede decir que con el surgir cada día cansa a los hombres y a la tierra, todo lo contrario,
todos suspiran el surgir del sol, y sólo porque surge todos los días forma el alimento de la tierra,
día por día va poco a poco alimentando la dulzura en los frutos, hasta que los hace llegar a
perfecta maduración, alimenta las variadas tintas de los colores a las flores, el desarrollo a todas
las plantas, y así de todo lo demás. Un acto continuado se puede llamar milagro perenne, si
bien las criaturas no le ponen atención, pero tu Jesús no puede hacer menos de poner atención,
porque conozco la virtud prodigiosa de un acto jamás interrumpido. Entonces tu amor sirve para
conservar, alimentar y hacer crecer la Vida de mi amor en ti; si tú no la alimentas no puede
crecer, ni recibir la multiplicidad de las dulzuras y variedad de los colores divinos que mi amor
contiene”.
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