hubiese concebido como fruto de sus entrañas maternas, fruto de su fidelidad, de su firmeza y
sacrificio. Así que déjame hacer y seme fiel, y Yo pensaré en todo lo demás”.
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28-28
Octubre 12, 1930
El temor es el flagelo de la pobre nada. Amor que Dios
tiene con la criatura, hasta ponerla en competencia con Él. Dios
establecía todos los actos que debían hacer todas las criaturas.
(1) Estoy siempre en mi amada y santa heredad del Fiat Divino, siento la extrema necesidad
de no salir de ella jamás, porque mi pequeño átomo de mi existencia siente su nulidad, y como
nada, no es buena para hacer nada si el Querer Divino no la llena de su Todo, haciéndola hacer
lo que Él quiere. ¡Oh, cómo siento la necesidad de que el Querer Divino me tenga en su Vida,
y yo de estarme siempre en Él! Sentía que no podía vivir sin el Fiat Divino, me sentía toda temor,
y mi dulce Jesús con una bondad indecible me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, el temor es el flagelo de la pobre nada, de modo que la nada es
golpeada por los azotes del temor, se siente faltar y perder la vida. En cambio el amor es el
arrojo de la nada en el Todo, que llenándola de Vida Divina, la nada siente la verdadera Vida
que no está sujeta a faltar sino siempre a vivir.
(3) Ahora tú debes saber que es tanto el amor que nutre nuestro Ser Divino hacia la criatura,
que le damos de lo nuestro para ponerla en condición de poder hacer competencia con su
Creador, he aquí el por qué le damos nuestra Voluntad, nuestro amor y nuestra misma Vida, a
fin de que las haga todas suyas para llenar el vacío de su nada, y así podernos dar Voluntad por
Voluntad, amor por amor, Vida por Vida, y Nosotros, a pesar de que se los hemos dado Nosotros,
lo aceptamos como si fueran suyos, gozando el que la criatura nos pueda hacer competencia,
ella a darnos y Nosotros a recibir, para darle de nuevo lo que nos ha dado, a fin de que tenga
siempre qué darnos, a menos que la criatura no quiera recibir, y entonces sienta el vacío de su
nada, sin verdadera vida, sin una Voluntad Divina que la santifique, sin el amor que la hace
portar y amar a su Creador, y entonces sobre esta nada caen todos los males, azotes de temor,
tinieblas de terror, lluvias de todas las miserias, debilidades, tanto, que se siente faltar la vida.
Pobre nada que no es llenada del Todo”.
(4) Después seguía rezando toda abandonada en el dulce imperio de la Divina Voluntad, y mi
amado Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, nuestro sumo Querer al crear al hombre establecía todos los actos que debían
hacer todas las criaturas, y se constituía vida de todos estos actos. Así que no hay acto humano
que no tenga su puesto en nuestra Divina Voluntad, y cuando la criatura cumple cada uno de
sus actos, Ella sale en campo de acción en el acto humano de la criatura, por eso en el acto de
cada una de ellas entra toda la potencia y santidad de una Divina Voluntad. Cada acto entraba
en el orden de toda la Creación, tomando cada uno de ellos su puesto, casi como estrellas, en
que cada una tiene su puesto bajo el azul del cielo. Y como todo fue ordenado y formado por
nuestro Fiat Divino en la Creación, todo el género humano con todos los actos de ellos, cuando
la criatura hace una acto viene movido todo el orden de la Creación, y nuestro Querer se
encuentra en acto como si entonces estuviese creando toda la Creación, porque en Él todo está
en acto, y el acto de la criatura entra en su acto y tomando su puesto establecido por Dios, se
renuevan los efectos de toda la Creación, y el acto humano entra en la carrera de todas las
cosas creadas, y entre ellas tiene su puesto distinto, y está siempre en movimiento en el
movimiento divino para adorar y amar a su Creador. Por eso el obrar de la criatura en nuestra
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