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Octubre 7, 1930
Cómo la Redención se debe a la fidelidad de la Virgen Santísima. La
fidelidad es dulce cadena que rapta a Dios. El Agricultor Celestial.
Necesidad de la semilla para poder difundir las obras divinas.
(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad, y mi pobre mente estaba ocupada pensando en las
tantas cosas que me había dicho mi dulce Jesús sobre el reino de su Fiat Divino, y en mi
ignorancia decía: “¡Oh, cómo es difícil que llegue a reinar sobre la tierra en medio de las
criaturas!” Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la Redención se debe a la fidelidad de la Virgen Reina. ¡Oh! si no hubiese
encontrado a esta Celestial Criatura que nada me negó, que jamás se rehusó a ningún sacrificio;
su firmeza en pedir la Redención sin jamás dudar, su fidelidad sin jamás cansarse, su amor
ardiente y fuerte sin jamás detenerse, siempre en su puesto, toda de su Creador, sin jamás
apartarse por cualquier cosa o incidente que pudiese ver, por parte de Dios o por parte de las
criaturas, formó tales vínculos entre el cielo y la tierra, adquirió tal ascendencia, tal dominio sobre
su Creador, que se volvió digna de hacer descender al Verbo Divino sobre la tierra. A una
fidelidad jamás interrumpida, y a nuestra misma Voluntad Divina que tenía su reino en su virginal
corazón, no tuvimos la fuerza de rehusarnos. Su fidelidad fue la dulce cadena que me ató y me
raptó del Cielo a la tierra. He aquí el por qué lo que no obtuvieron en tantos siglos las criaturas,
lo obtuvieron por medio de la Soberana Reina. ¡Ah, sí! Fue solamente Ella la que mereció que
el Verbo Divino descendiera del Cielo a la tierra, y que recibiera el gran bien de la Redención,
de modo que si quieren todos pueden recibir el bien de ser redimidos.
(3) La firmeza, la fidelidad, la irremobilidad en el bien y en el pedir el bien conocido, se pueden
llamar virtudes divinas, no humanas, y por eso sería negarnos a Nosotros mismos lo que la
criatura nos pide. Ahora, así en el reino de la Divina Voluntad, queremos encontrar un alma fiel
donde podamos obrar, que con la dulce cadena de su fidelidad nos ate por todo y por todas
partes de nuestro Ser Divino, en modo de no poder encontrar razón para no darle lo que nos
pide, queremos encontrar nuestra firmeza, apoyo necesario para poder encerrar en ella el gran
bien que nos pide; no sería decoroso para nuestras obras divinas confiarlas a almas
inconstantes y no dispuestas a afrontar cualquier sacrificio por Nosotros, el sacrificio de la
criatura es la defensa de nuestras obras, y es como ponerlas al seguro. Así que cuando hemos
encontrado a la criatura fiel, y la obra sale de Nosotros para tomar su lugar en ella, todo está
hecho, la semilla ha sido arrojada y poco a poco germina y produce otras semillas, que
difundiéndose, quien quiera puede procurarse aquella semilla para hacerla germinar en su alma;
¿no hace así el agricultor? Si tiene el bien de tener una sola semilla, que puede ser su fortuna,
la siembra en su terreno, y aquella semilla germinando puede producir diez, veinte, treinta
semillas, y el agricultor no nada más siembra una sola semilla, sino todas aquellas que ha
recogido, y tantas veces llega a sembrarlas hasta poder llenar todo su terreno, y llega a poder
dar a los demás la semilla de su fortuna. Mucho más puedo hacer Yo, Agricultor celestial, con
tal de que encuentre una criatura en que esté preparado el terreno de su alma, donde pueda
arrojar la semilla de mis obras; aquellas semillas germinarán y poco a poco harán su camino, se
harán conocer, amar y desear por pocos, y después por muchos, que sea sembrado en el fondo
de sus almas la semilla celestial de mi Divina Voluntad. Por eso hija mía, sé atenta y fiel, haz
que esta semilla celestial pueda sembrarla en tu alma, y no encuentre ningún obstáculo para
hacerla germinar; si hay semilla hay la esperanza cierta de que germinando pueda producir
otras semillas, pero si la semilla no existe, todas las esperanzas cesan y es inútil esperar el reino
de mi Divina Voluntad, como habría sido inútil esperar la Redención si la Celestial Reina no me