con su calor destruirá el lento veneno de tus amarguras, cambiándolas en dulzuras y en fuentes
de contentos, y reposando en la cuna de mi Divina Voluntad tomarás un dulce reposo, y al
despertarte encontrarás que tus amarguras y opresiones han sido desterradas, y te tendré en
mis brazos con tu acostumbrada dulzura y serenidad para hacer crecer más en ti la Vida de mi
Divina Voluntad”.
(3) Después seguía por cuanto podía mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, las amarguras, las opresiones y todo lo que no pertenece a mi Querer, ocupan
un puesto en tu alma, y mi Divina Voluntad no se siente libre para poder extender su luz, ni para
que con su virtud creadora y vivificadora haga surgir su Vida en cada partícula y rinconcito de tu
alma; se siente rodeada como de nubes, que a pesar de que está el sol, las nubes
interponiéndose entre el sol y la tierra impiden que los rayos solares desciendan con la plenitud
de la luz a dar luz a la tierra. Así el Sol de mi Divina Voluntad, se siente estorbado por las nubes
de las amarguras y opresiones para extender su luz en el fondo de la criatura y poder decir:
‘Todo da de mi Voluntad, todo me pertenece, todo es mío’. Y tu Jesús que ha tomado el empeño
de formar un alma toda de mi Voluntad, sufro por eso, y quedo impedido en mi trabajo, porque
tú debes saber que Yo soy el administrador divino de mi Fiat en la criatura, y cuando la veo
dispuesta a hacer en todo mi Voluntad, en cada acto que hace Yo me pongo al trabajo de
preparación; supón que tú quieras hacer un acto de amor, Yo, rápido me pongo a trabajar, en él
pongo mi aliento, pongo una dosis de mi amor, lo embellezco con la variedad de las bellezas
que Él contiene, y después, divino administrador que soy de mi Querer, suministro mi Voluntad
Divina sobre aquel acto de amor, de manera que en aquel acto no se reconoce el acto de la
criatura, sino un acto de amor como si hubiese salido del centro de mi Divinidad. Yo soy
demasiado celoso de los actos que la criatura quiere hacer animados por mi Voluntad Divina,
no admito disparidad de sus actos con los míos, y para tener esto debo poner en él de lo mío y
mi trabajo, y esto en todos sus actos; si quiere hacer actos de adoración, de plegarias, de
sacrificio, en ellos pongo mi trabajo, a fin de que su adoración sea el eco de la adoración divina,
su oración sea el eco de la mía, su sacrificio sea el repetidor del mío. En suma, debo
encontrarme a Mí mismo en cada uno de los actos de la criatura; tu Jesús, como Señor,
poseedor de mi Divina Voluntad, no la administraría si no encontrase la santidad, la pureza, el
amor de mi Humanidad en el acto de la criatura. Por eso quiero encontrarla libre de cualquier
nube que pudiese hacer sombra a mi Divina Voluntad. Por eso sé atenta hija mía, no
obstaculices mi trabajo que quiero hacer en tu alma”.
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28-26
Septiembre 30, 1930
El Edén, campo de luz. Diferencia entre quien obra en la Divina
Voluntad y quien obra en el humano querer. El pequeño terreno
de la criatura; el sembrador Celestial.
(1) Estaba continuando mis acostumbrados actos en el Querer Divino, y mi pobre mente se
ha detenido en el Edén, donde Dios creaba al hombre para dar principio a la vida de la criatura.
Y mi amado Bien Jesús, haciéndose ver todo ternura y bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, el Edén campo de luz en el cual nuestro Ser Supremo creaba al hombre, se
puede decir que él fue creado en la luz de nuestro Fiat, su primer acto de vida fue luz, la cual
extendía detrás y delante a él, a derecha e izquierda, un campo interminable de luz, él debía
recorrer su camino para formar su vida tomando en sus actos tanta luz por cuantos actos hacía,