cada instante sin interrupción, para darse a sorbos para formar su Vida y extender su reino en
cada alma, por eso tú ves que no hay cosa donde mi Fiat no quiera darse, y se puede decir que
cada cosa creada forma su trono de amor, de donde hace descender su misericordia, sus
gracias, y camino para comunicar su Vida Divina. Ella está como vigilando para ver qué bien
puede hacer a sus hijos si le abren el corazón para recibir sus bienes, y para conformarse a sus
modos divinos. Así que cada cosa creada es una llamada que hace a la criatura para recibir el
don que quiere hacerle mi Divina Voluntad, cada cosa creada es un nuevo amor que quiere
comunicarle, y un acto de su Vida de más que quiere desarrollar alrededor y dentro de la criatura.
Pero, ¡ay de Mí! cuántas ingratitudes por parte de ellas, mi Divina Voluntad las abraza, se las
estrecha a su seno con sus brazos de luz, y ellas huyen de dentro de su luz sin restituirle el
abrazo y mirarla para saber quién es que la ama tanto. Por eso hija mía, sé tú su reparadora,
síguela en todas las llamadas que te hace por medio de cada cosa creada, para darle amor por
amor y recibir todos los sorbos de su Vida Divina en el fondo de tu alma, para darle la libertad
de hacerla reinar”.
(3) Después seguía sus actos y mi abandono en el Querer Supremo, pero mi pobre mente
estaba ocupada en los tantos incidentes que Nuestro Señor había dispuesto y dispone sobre mi
pobre existencia, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, las cruces, los incidentes, las mortificaciones, los actos, los abandonos de las
criaturas, todo lo que se puede sufrir por amor mío, no son otra cosa que piedrecillas que señalan
el camino que conduce al cielo, así que en el punto de la muerte la criatura verá que todo lo que
ha sufrido le ha servido para formarse el camino, que ha señalado con modos incancelables y
con piedras irremovibles la vía recta que conduce a la Patria Celestial. Y si todo lo que mi
Providencia ha dispuesto que sufra, lo ha sufrido para cumplir mi Divina Voluntad, para recibir
no la pena sino un acto de su Vida Divina, formará tantos soles por cuantos actos ha hecho y
penas ha sufrido, de modo que se verá su camino a derecha e izquierda señalado por soles,
que tomándola e invistiéndola con su luz la conducirán a las regiones celestiales. Por eso los
tantos incidentes de la vida son necesarios, porque sirven para formarse el camino y trazarse la
ruta del cielo; si no se forman los caminos resulta difícil ir de un país a otro, mucho más resulta
difícil llegar a la gloria eterna”.
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28-25
Septiembre 20, 1930
Las amarguras son el lento veneno del bien. La Divina Voluntad,
cuna del alma. Jesús, administrador divino de su Santísima Voluntad.
(1) Me sentía toda inmersa en el Fiat Divino, su luz deslumbra mi inteligencia, y mientras me
absorbe en su luz me hace seguir sus actos que hizo en la Creación. Pero mientras esto hacía,
sentía una amargura y una opresión tales, que me hacían fatigar en el cumplir mis actos en el
Querer Divino. Y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo me da pena tu amargura, siento que se vierte en mi corazón, por eso,
ánimo; no sabes tú que las opresiones, las amarguras, son el lento veneno del bien, el cual
produce una fatiga tal, de reducir al alma a una extrema agonía, de modo que siente la agonía
en el corazón, y mi amor agoniza en su corazón; siente la agonía sobre sus labios, y agoniza mi
plegaria; siente la agonía en las manos, en los pasos, y mis pasos y mis obras se sienten
agonizantes. Mucho más en la criatura que quiere tener por vida mi Divina Voluntad, siendo una
su voluntad con la mía, me siento verter su agonía en mi Divina Persona. Por eso, ánimo,
abandónate en mis brazos y Yo haré surgir de mi Divina Voluntad otra luz más brillante, que
tomando forma de cuna, te arrullaré en ella para comunicarte mi reposo divino, y con su luz y