otra, para recibir al menos una mirada, una sonrisa de complacencia, una invitación para hacerla
descender en su alma para reinar, un gracias de reconocimiento a sus tantas locuras de amor?
¡Ah, cuántas veces mi Divina Voluntad queda sin que la criatura le preste ninguna atención!
¡Qué dolor, cómo queda traspasada! Pero con todo esto no se detiene, continúa incesantemente
con su firmeza toda divina a hacer correr su Vida Divina en todas las cosas creadas, para llevar
bajo el velo de ellas su Vida a todos, esperando con paciencia invencible a quien la debe
reconocer y recibir, para formar su Vida dentro de las apariencias y forma humana, y así reinar
completamente en todas las cosas creadas por Nosotros”.
(3) Después de esto seguía a la Divina Voluntad en los actos de la Creación, y habiendo
llegado al Edén donde fue creado el hombre, mi siempre amable Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestro Fiat y nuestro amor se
instalaron para tener ahí su sede perenne. Nuestro Ser Divino tenía todo dentro de Nosotros,
el centro de nuestro amor y el desarrollo de la Vida de nuestro Querer; con crear al hombre quiso
formar el segundo centro de nuestro amor, para hacer que nuestro Fiat pudiese desarrollar las
vidas humanas con su imperio y dominio, como hacía en nuestro Ser Supremo. Por eso tú
debes saber que en el acto de crear a Adán, todas las criaturas venían creadas en él, todas
estuvieron presentes, ninguna faltó; amábamos como él y en él a todas las criaturas. Y cuando
con tanto amor formábamos su humanidad, plasmándola y modelándola con nuestras manos
creadoras, formando los huesos, extendiendo los nervios, cubriéndolos de carne, formando
todas las armonías de la vida humana, en Adán venían plasmadas, manejadas todas las
criaturas, en todas formábamos los huesos, extendíamos los nervios y cubriéndolos de carne
dejábamos el toque de nuestras manos creadoras, la marca de nuestro amor, la virtud
vivificadora de nuestro Querer, e infundiéndole el alma con la potencia de nuestro aliento
omnipotente, venían formadas las almas en todos los cuerpos con la misma potencia con la que
venía formada el alma de Adán. Mira entonces cómo cada criatura es una nueva creación, como
si hubiésemos creado al nuevo Adán, porque en cada una de ellas queríamos renovar el gran
prodigio de la creación, la instalación del centro de nuestro amor, el desarrollo de la Vida de
nuestro Fiat. Fue tanto el exceso de nuestro amor al crear al hombre, que hasta en tanto no
venga la última criatura sobre la tierra estaremos en continuo acto de creación, para dar a cada
uno lo que fue dado al primer hombre creado, nuestro amor desbordante, el toque de nuestras
manos creadoras por la formación de cada una de ellas. Por eso hija mía, te recomiendo que
sepas reconocer y conservar en ti la instalación de nuestro amor y la Vida obrante de nuestro
Fiat, y sentirás los prodigios de la continua creación y nuestro amor desbordante, que
ahogándote de amor no sentirás otra cosa que amor y Voluntad mía”.
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28-24
Agosto 29, 1930
Las cosas creadas están preñadas de la Divina Voluntad.
Las cruces forman el camino que conduce al cielo.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, una fuerza invencible me transporta en sus actos
divinos, y yo siento y conozco la Divina Voluntad obrante en todas las cosas creadas, la cual me
hace la dulce invitación a seguirla en sus actos para tener mi compañía, pero mientras esto
hacía, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las cosas creadas están preñadas de mi Divina Voluntad, la cual se dejó
en ellas, no para Nosotros que no teníamos necesidad, sino por amor de las criaturas, dándose
en tantos modos distintos por cuantas cosas creaba. Ella, haciendo de verdadera madre quería
asaltar a las criaturas con tanto amor por cuantas cosas sacaba a la luz del día, quería darse a
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