Voluntad, no amó otra cosa que nuestros intereses, no pidió otra cosa que nuestra gloria; se
puede decir que formó el sol de su vida en el Sol de su Creador. Así que quien la quiera
encontrar en la celestial morada, debe venir en nuestro Sol, donde la Soberana Reina, habiendo
formado su sol, expande sus rayos maternos en provecho de todos, y resplandece de tal belleza
que rapta a todo el cielo, sintiéndose todos doblemente felices por tener una Madre tan santa, y
una Reina tan gloriosa y potente. La Virgen es la primera hija, y única, que posee a su Creador,
y es la única que ha hecho vida en el Sol del Ente Supremo, y que habiendo tomado su vida de
este Sol eterno, no es maravilla que habiendo vivido de luz haya formado su sol fulgidísimo que
alegra a toda la corte celestial.
(3) Es propiamente esto lo que significa vivir en mi Divina Voluntad: ‘Vivir de luz y formar su
vida en nuestro mismo Sol.’ Ésta era la finalidad de la Creación, tener a las criaturas creadas
por Nosotros, nuestros amados hijos, en nuestra misma casa, alimentarlos con nuestros mismos
alimentos, vestirlos con hábitos reales y hacerles gozar nuestros mismos bienes. ¿Qué padre
y madre terrena piensa en poner fuera de su casa al parto de sus entrañas, a sus amados hijos,
y no darles su herencia a los propios hijos? Creo que ninguno, más bien, cuántos sacrificios no
hacen para volver ricos y felices a sus propios hijos. Si a esto llega un padre terreno y una
madre, mucho más el Padre Celestial; quería y amaba que sus hijos permanecieran en su casa
para tenerlos a su alrededor, para hacerse feliz con ellos y tenerlos como corona de sus manos
creadoras, pero el hombre ingrato abandonó nuestra casa, rechazó nuestros bienes y se
contentó con ir errante, viviendo en las tinieblas de su voluntad humana”.
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28-23
Agosto 24, 1930
La Divina Voluntad toma todas las formas para darse
a la criatura. La creación del hombre, instalación
del centro del amor y del Fiat Divino.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento que su potencia invencible me absorbe
hacia Sí, y en tantos modos que no puedo hacer menos que seguir sus actos. Ahora, mientras
seguía los actos de la Divina Voluntad hechos en la Creación, mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, es tanto el amor de mi Fiat Divino hacia las criaturas, que toma todas las formas
para darse a la criatura: Toma la forma de cielo para permanecer extendido sobre su cabeza, y
con el permanecer ahí perennemente distendido, la abraza por todos lados, la guía, la protege,
la defiende, sin retirarse jamás, permaneciendo siempre cielo, para formar su cielo en el corazón
de la criatura; toma forma de estrellas y dulcemente hace descender su apacible centelleo sobre
la criatura, para acariciarla con su beso de luz y dulcemente insinuarse, para que forme las
estrellas de las más bellas virtudes en el cielo de su alma; toma forma de sol para irradiarla de
luz, y con su calor vibrante descender en el fondo del alma, y con la fuerza de su luz y calor
forma las tintas de los más bellos colores para formar el Sol de su Fiat en la criatura; toma la
forma de viento para purificarla, y con su imperio, soplando, mantiene encendida la Vida Divina,
y conforme sopla así la hace crecer en el corazón de la criatura. Mi Divina Voluntad se abaja a
todo, y es tanto su amor, que de todo aquello que puede servir a la criatura se constituye vida,
y llega a tomar forma de aire para hacerse respirar, de alimento para alimentarla, de agua para
quitarle la sed, en suma, no hay cosa de la que la criatura se sirva, que mi Querer no corra junto
para darse incesantemente a la criatura, pero ¿cómo corresponde a los tantos múltiples modos
que mi Fiat toma para asediar a la criatura, a las tantas formas amorosas a fin de que si no la
reconoce en un modo la reconozca en el otro; si no le hace brecha una forma, le haga brecha