los doctos, las personas de dignidad no quisieron escucharme, es más, tenían vergüenza de
acercárseme, su doctrina les hacía creer que Yo no podía ser el Mesías prometido, de modo
que llegaron a odiarme y Yo los hice a un lado y escogí humildes, simples y pobres pescadores,
los cuales me creyeron y me serví admirablemente de ellos para formar mi Iglesia y propagar el
gran bien de la Redención. Así haré de mi Divina Voluntad, por eso hija mía, no te abatas al oír
tantas dificultades que ponen, y no nos separemos en nada de lo que pasa entre tú y Yo, y sigue
haciendo lo que te he enseñado que hagas en mi Divina Voluntad. Yo nada dejé de hacer de lo
que debí hacer para la Redención, a pesar de que no todos me creyeron, todo el mal quedó para
ellos, a Mí me convenía hacer mi curso que había establecido hacer por amor de las criaturas.
Así harás tú, sigue tu abandono en mi Divina Voluntad y tus actos en Ella, y Yo no te dejaré,
estaré siempre junto contigo”.
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28-18
Julio 16, 1930
La Divina Voluntad es Vida, el amor es alimento. Un solo acto no
forma vida ni acto completo. Necesidad de la repetición de los
actos para formar la Vida de la Divina Voluntad.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, ¡oh! sí, yo lo siento que como aire se hace respirar
por mi pobre alma, siento su luz purísima que tiene reprimidas las tinieblas de la noche de mi
voluntad humana, que en cuanto hace por surgir, por ponerse en acción, la luz de la Divina
Voluntad, dulcemente imperante sobre la mía, no sólo reprime las tinieblas para no darles vida,
sino potentemente me llama y me atrae a seguir sus actos. Después, siguiendo sus actos
divinos tocaba con la mano cuánto nos ama, porque en cada acto suyo salían mares de amor
para las criaturas. Y mi siempre amable Jesús, haciendo ver su corazón investido por llamas
ardientes por amor de las criaturas me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi amor hacia las criaturas es tanto, que no cesa un solo instante de amarlas;
si cesara un solo instante de amarlas, toda la máquina del universo y todas las criaturas se
resolverían en la nada, porque la existencia de todas las cosas tuvo el primer acto de vida de mi
amor pleno, entero, completo, interminable e incesante, y para hacer que mi amor tuviese toda
su plenitud, hice salir de Mí, como acto de vida de todo el universo y de cada acto de criatura,
mi Voluntad Divina. Así que mi Voluntad es vida de todo, mi amor es alimento continuo de toda
la Creación. La vida sin el alimento no puede vivir; el alimento si no encuentra la vida no tiene
a quién darse ni a quién nutrir. Por eso toda la sustancia de toda la Creación es mi Voluntad
como vida y mi amor como alimento, todas las otras cosas son superficiales y como adorno. Así
que cielo y tierra están llenos de mi amor y de mi Voluntad, no hay punto, donde como viento
impetuoso no se derramen sobre las criaturas, y esto siempre, siempre, sin cesar jamás, está
siempre en acto para derramarse sobre las criaturas, tanto, que si la criatura piensa, mi Divina
Voluntad se hace vida de su inteligencia, y mi amor, alimentándola, la desarrolla; si mira se hace
vida de su ojo y mi amor alimenta la luz del ver; si habla, si late, si obra, si camina, mi Voluntad
se hace vida de la voz, mi amor alimento de la palabra; mi Divina Voluntad se hace vida del
corazón, mi amor, alimento del latido; en suma, no hay cosa que la criatura haga en que mi
Voluntad no corra como vida, y mi amor como alimento. Pero cuál no es nuestro dolor al ver
que la criatura no reconoce a quien forma su vida y a quien alimenta todos sus actos”.
(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y en mi mente pensaba entre
mí: “¿Qué gloria doy a mi Dios y qué bien me viene con repetir siempre los mismos actos?” Y
mi dulce Jesús me ha dicho:
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