interpretado tan mal un acto tan santo de Jesús, me sentía tan mal, que no tengo palabras para
expresarme. Entonces el bendito Jesús, teniendo compasión de mí, se ha hecho ver, y todo
afligido y ternura me ha dicho:
(4) “Hija mía, no temas, mi modo de obrar es siempre puro y santo, cualquiera que sea, y
aunque parezca extraño a las criaturas, porque toda la santidad no está en el acto externo del
modo de obrar, sino depende de la fuente de la santidad interna de donde sale, y de los frutos
que produce mi modo de obrar, si los frutos son santos, ¿por qué querer juzgar mi modo? Así
me agradaba y por eso lo hacía. Por los frutos se conoce el árbol, si es bueno, mediocre o malo,
y me disgusta sumamente que en vez de juzgar los frutos, han juzgado la corteza del árbol y no
la sustancia y la vida del mismo árbol. Pobrecitos, ¿qué cosa pueden comprender con mirar la
corteza de mis modos sin descender a los frutos que he producido? Quedarán más a lo oscuro
y pueden incurrir en la desgracia de los fariseos, que mirando en Mí la corteza de mis obras y
palabras, no la sustancia de los frutos de mi Vida, permanecieron ciegos y terminaron con darme
la muerte. Y además, ¿así se da un juicio, sin implorar la ayuda del Autor y Dador de las luces,
y sin interpelar a aquella que con tanta facilidad ellos juzgan? Y además, ¿qué males hacía Yo,
y qué era lo que tú recibías cuando Yo vertía de mi boca en la tuya la fuentecita que salía de la
fuente de mis amarguras que me dan las criaturas? No vertía en ti el pecado, sino parte de los
efectos y por eso tú sentías la intensidad de las amarguras, la nausea, cómo es fea la culpa, y
tú al sentir estos efectos aborrecías el pecado y comprendiendo por ello cuánto sufre tu Jesús,
cambiabas tu ser, y también cada gota de tu sangre en reparación para tu Jesús. ¡Ah! tú no
habrías amado tanto el sufrir para repararme si no hubieras sentido en ti los efectos de la culpa,
y cuánto sufre tu Jesús al ser ofendido. Pueden decir que porque lo hacía de la boca, lo podía
hacer de otra manera, pero así me agradaba. Yo he querido hacer contigo como un padre hace
con su pequeña hija, porque pequeña se deja hacer lo que quiere, y su padre se vierte en su
pequeña, con modos tan afectuosos y amorosos como si encontrase en ella su propia vida,
porque sabe que nada rechazaría a su padre, aunque se requiriera el sacrificio de la propia vida.
¡Ah hija mía! mi delito es siempre el amor y es también el delito de quien me ama; no
encontrando otra materia de qué juzgar, juzgan mi demasiado amor, y aquél de mis hijos, que
tal vez han puesto la vida por ellos mismos. Y además, ahora pueden juzgar como quieran, pero
¿cuál no será su confusión cuando vengan ante Mí y conozcan con claridad que he sido
propiamente Yo Aquél que he obrado en ese modo condenado por ellos, y que su juicio me ha
impedido una gran gloria mía, y un gran bien en medio a las criaturas, cual es el conocer con
más claridad qué significa hacer mi Divina Voluntad y hacerla reinar? No hay delito más grave
que el de impedir el bien, por eso hija mía, te recomiendo que no quieras turbarte ni alejar nada
de lo que pasa entre Yo y tú, asegúrame que mi obrar tenga su cumplimiento en ti, no me quieras
dar ningún dolor por parte tuya. Yo quería difundir el bien fuera de ti, pero la voluntad humana
pone obstáculos a mis designios, por eso ruega que sea vencida la voluntad humana y que no
quede sofocado el reino de mi Divina Voluntad en medio a las criaturas.
(5) Pero te digo que los conocimientos sobre mi Divina Voluntad no quedarán sepultados,
ellos son parte de mi Vida Divina, y como Vida no están sujetos a morir, a lo más podrán quedar
escondidos, pero morir jamás, porque es decreto de la Divinidad que el reino de mi Divina
Voluntad sea conocido, y cuando Nosotros decretamos no hay potencia humana que nos pueda
resistir, a lo más será cuestión de tiempo. Y a pesar de las oposiciones y juicios en contra de
estas personas competentes, Yo me haré camino, y si éstos con sus juicios querrán sepultar
tanto bien y tantas Vidas Divinas de mis verdades, Yo los pondré a un lado y me haré camino,
disponiendo a otras personas más humildes y simples, y más fáciles para creer en mis modos
admirables y múltiples que Yo uso con las almas, y con su simplicidad, en lugar de encontrar
cavilaciones y dificultades, reconocerán como don de cielo lo que Yo he manifestado sobre mi
Divina Voluntad, y éstos me servirán admirablemente para propagar en el mundo los
conocimientos sobre mi Fiat. ¿No sucedió lo mismo en mi venida sobre la tierra? Los sabios,