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Julio 9, 1930
Valor de la voluntad humana cuando entra en la Divina. Temores por
causa de juicios competentes. Respuesta de Jesús y sus enseñanzas.
(1) Mi pequeña inteligencia siente la extrema necesidad del Querer Divino, porque sólo Él es
mi apoyo, mi fuerza, mi vida. ¡Oh Voluntad Divina, no me abandones! Y si yo, ingrata, no he
sabido seguir tu vuelo, tu luz, perdóname, y reforzando mi debilidad absorbe en Ti el pequeño
átomo de mi existencia, y viva perdida en Ti para vivir sólo y siempre de tu Voluntad Suprema.
Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat Divino, mi dulce Jesús haciendo su pequeña visita
a mi alma me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, estoy Yo contigo, ¿de qué temes? Si conocieras la belleza, el valor que
adquiere la voluntad humana cuando entra y hace continua morada en el Fiat Divino, no
perderías un instante de vivir en Él. Tú debes saber que en cuanto la voluntad humana entra
en la Divina, nuestra luz la inviste y la embellece de una rara belleza, el alma queda tan
ensimismada que no se siente extraña con su Creador, más bien se siente que ella es toda del
Ser Supremo y el Ser Divino es todo suyo, y con libertad de hija, sin temor y con confianza
raptora se eleva en la unidad de la Voluntad de su Creador, y en esta unidad, el átomo de la
voluntad humana emite su ‘te amo’, y mientras forma su acto de amor, todo el amor divino corre,
circunda, abraza, se cambia en el ‘te amo’ de la criatura, y lo hace tan grande cuanto es grande
nuestro amor, y Nosotros sentimos en el pequeño ‘te amo’ de la criatura las fibras, la vida de
nuestro amor, y Nosotros le damos el valor de nuestro amor, y sentimos en el pequeño ‘te amo’
la felicidad de nuestro amor. Este pequeño ‘te amo’ no sale más de dentro de la unidad de
nuestro Querer, y mientras queda, se expande tanto en la orbita del Fiat, que no hace otra cosa
que seguir por todas partes a la Divina Voluntad, y así de todos los otros actos que se propone
hacer en nuestra Voluntad. Tú debes pensar que una Voluntad creadora entra en el acto de la
criatura, y por eso debe hacer actos dignos, cuales sabe hacer y convienen a una Divina
Voluntad”.
(3) Después me sentía oprimida más que nunca, mi pobre mente estaba entristecida por
pensamientos que me aplastaban y me quitaban la bella tranquilidad del día de la paz gozada
siempre por mí, y que Jesús mismo tanto estimaba y era celoso de mi paz, y no permitía que
ninguna cosa me turbara. Y ahora oigo que ruidos de tempestad quieren hacer llover sobre mi
cabeza, y esto porque habiendo leído personas competentes algún volumen de mis escritos,
han encontrado dificultades sobre la intimidad que Jesús había usado conmigo, el verter sus
amarguras en mi indigna alma, y tantas otras cosas, que no era de la dignidad divina obrar en
este modo con la criatura, y como yo estaba en mi simplicidad, habiéndome asegurado mis
pasados confesores y también personas santas y competentes, a las cuales yo, temerosa
preguntaba si fuese Jesús o no que obraba así conmigo, y ellos me aseguraban que era Jesús,
diciéndome que es su costumbre entretenerse sobre la faz de la tierra con sus criaturas, y yo
creía sus aseveraciones, y dándome en poder de Jesús lo dejaba hacer lo que quería de mí, y
aunque me sometiera a penas atroces, y aun a la misma muerte, yo me sentía feliz como tantas
veces sucedía, porque, contento Jesús, decía, me basta, mucho más que lo que ha hecho
conmigo mi dulce Jesús, sea que vertiera, sea que me llevase junto con Él, o cualquier otra cosa
que me hiciera, yo no recuerdo jamás haber sentido en mí sombra de pecados, tendencias no
buenas y santas, más bien su toque era puro y santo y me sentía más pura, su verter de su boca
en la mía, que como una fuentecita salía de la boca de Jesús y se vertía en la mía, a las penas
que yo sentía tocaba con la mano cuánto sufre Jesús, cuán feo es el pecado, y habría puesto
mil veces la vida, antes que ofenderlo, y me sentía convertir mi pequeño ser todo en
reparaciones para poder defender a mi dulce Jesús. Por eso, al pensar que había sido
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