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Julio 4, 1930
Todas las cosas creadas poseen la virtud repetidora del Fiat Divino.
(1) Me sentía aplastar bajo el peso de opresiones tremendas que circundan mi pobre
existencia. ¡Oh, cómo suspiraba la patria celestial! Habría querido desaparecer de la tierra sin
volver a oír ni ver a ninguno; amo, suspiro el lanzarme en los brazos de Jesús para decirle:
“Amor mío, tenme estrechada entre tus brazos, no me dejes más, porque sólo en tus brazos me
siento segura y no tengo miedo de nada, Jesús, piedad de mí, Tú que sabes lo que pasa en mi
alma no me abandones”. Y buscaba por cuanto más podía el abandonarme en el Fiat Supremo.
Y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí, haciéndose ver, todo ternura me ha dicho:
(2) “Pobre hija mía, ánimo, debes saber que no estás sola en el sufrir, tienes a tu Jesús que
sufre junto contigo, es más, sufre más que tú, porque son cosas que corresponden más a Mí
que a ti, y Yo las siento tan a lo vivo que me siento desgarrar mi corazón traspasado. Pero lo
que nos debe consolar es que son cosas del foro externo, entre tú y Yo nada se ha cambiado,
las cosas tal como eran son, los juicios humanos no tienen ningún poder en nuestras intimidades
y comunicaciones, por eso no nos pueden dañar. Así que tu vuelo en mi Divina Voluntad no
quiero que sea interrumpido jamás; Ella tiene la virtud repetidora, y todas las cosas creadas por
Nosotros que hacen continua morada en nuestro Querer, poseen la virtud de repetir el acto
continuo recibido de Dios en la Creación, y de dar a las criaturas cada día su acto continuo: El
sol cada día da su luz, el aire se hace respirar continuamente, el agua repite cada día el darse
al hombre para quitarle la sed, lavarlo y refrescarlo, y así todas las otras cosas creadas repiten
la virtud repetidora de mi Fiat Divino, y si alguna de estas cosas creadas pudieran salir de dentro
de Él, perderían al instante la virtud de repetir su acto continuo, que mientras es antiguo es
siempre nuevo en provecho de las criaturas. La señal más cierta de que las cosas creadas
están en mi Divina Voluntad, y la señal de que el alma vive en Ella y se hace dominar, es si sus
actos, si bien antiguos, tienen virtud como si fuesen siempre nuevos, y que sean continuos sus
actos. En mi Divina Voluntad no hay detenciones, el alma siente la facilidad y virtud de su acto
continuo; ¿tal vez se detiene el sol en su curso de dar siempre luz? Ciertamente que no. Tal
es el alma que vive en mi Divina Voluntad, siente en sí toda la plenitud y convertidos como en
naturaleza la virtud vivificadora de los bienes divinos y del acto continuo del Fiat Divino.
(3) Ahora, así como las cosas creadas repiten su acto continuo, así mis actos y los de mi
Mamá Celestial, porque fueron hechos en la Divina Voluntad y animados por Ella, poseen la
virtud repetidora, y más que sol dardean a las criaturas y hacen llover sobre sus cabezas todos
los bienes de todos nuestros actos, que si bien antiguos son siempre nuevos, en provecho de la
mísera humanidad, porque poseen el acto continuo. Pero a pesar de que llueven sobre sus
cabezas sin cesar jamás, no son tomados por las criaturas, sólo reciben el fruto de nuestros
actos continuos cuando los reconocen, los imploran y los quieren recibir, de otra manera nada
reciben. Sucede como al sol, si la criatura no sale fuera para gozar y recibir el bien de su luz
continua, no recibe todo el bien de su luz, lo recibe sólo aquellas veces que se toma el
pensamiento de salir; y si alguna otra no abre las puertas, a pesar de que el sol inviste la tierra
con su acto continuo de luz, quedará a lo oscuro. Por eso hija mía, si quieres tomar todo el bien
de tu Jesús y de la Soberana del cielo, en nuestro Fiat los encontrarás todos en acto, implóralos
sobre de ti, reconócelos, y te sentirás bajo la lluvia de nuestros actos continuos”.
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