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3-71
Mayo 18, 1900
Llenar el interior de Dios.
(1) Me encuentro aún privada de mi adorable Jesús, a lo más alguna sombra veo, ¡oh cuánto
me cuesta amarlo, cuántas lágrimas debo derramar! Esta mañana, después de haberlo buscado
y esperado mucho, lo he encontrado en mi misma cama, todo afligido, con la corona de espinas
que le traspasaba la cabeza; se la he quitado poco a poco y la he puesto sobre la mía. ¡Oh, cuán
mala me veía ante su presencia! No tenía fuerza para decir una sola palabra. Jesús, teniendo
compasión de mí me ha dicho:
(2) “Ten valor, no temas, procura llenar tu interior de Mí y enriquecerlo con todas las virtudes,
hasta que se desborden fuera, y cuando llegues a desbordarlas, entonces te llevaré al Cielo y
terminarán todas tus privaciones”.
(3) Después de esto, ha agregado tomando un aire afligido: “Hija mía, reza, porque están
preparados tres diferentes días, uno lejos del otro, de tempestades, granizadas, rayos,
inundaciones, que causarán gran daño a los hombres y a las plantas”.
(4) Dicho esto ha desaparecido, dejándome un poco más aliviada en el estado en el que me
encuentro, pero con un pensamiento: “Quién sabe cuándo llegaré a desbordarme, y si no lo
hago, tal vez me tocará estarme siempre lejana de Él”.
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3-72
Mayo 20, 1900
Todas las cosas tienen principio de la nada.
Necesidad del reposo y del silencio interior.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, me parecía que fuese de noche y veía todo el universo,
todo el orden de la naturaleza, el cielo estrellado, el silencio nocturno, en suma, me parecía que
todo tenía un significado. Mientras esto miraba, me parecía que veía a Nuestro Señor, que
tomando la palabra acerca de lo que veía ha dicho:
(2) “Toda la naturaleza invita al reposo, ¿pero cuál es el verdadero reposo? Es el reposo
interior y el silencio de todo lo que no es Dios. Mira, las estrellas centelleantes de luz moderada,
no deslumbrante como el sol; el sueño y el silencio de toda la naturaleza, de los hombres y hasta
de los animales, y que todos buscan un lugar, una cueva donde estarse en silencio y reposarse
del cansancio de la vida. Si esto es necesario para el cuerpo, mucho más para el alma es
necesario reposarse en su propio centro que es Dios. Pero para poderse reposar en Dios es
necesario el silencio interior, como al cuerpo le es necesario el silencio exterior para poderse
plácidamente adormecer. ¿Pero cuál es este silencio interior? Es hacer callar las propias
pasiones teniéndolas en su lugar, es imponer silencio a los deseos, a las inclinaciones, a los
afectos, en suma, a todo lo que no llama a Dios. Ahora, ¿cuál es el medio para llegar a esto? El
único medio y de absoluta necesidad es deshacer el propio ser y reducirse a la nada, como era
antes de que fuera creada, y cuando haya reducido a la nada su ser, retomarlo en Dios.
(3) Hija mía, todas las cosas tienen principio de la nada, esta misma máquina del universo
que tú ves con tanto orden, si antes de crearla hubiera estado llena de otras cosas, no habría
podido poner mi mano creadora para hacerla con tanta maestría y dejarla tan espléndida y