creada desarrolla un acto distinto de Voluntad Divina, y con ese acto llama a la criatura a cumplir
su Divina Voluntad. Cada cosa creada para este fin, ha tenido de Dios un deleite especial, para
atraer con modo misterioso a la criatura a hacer su Divina Voluntad. He aquí la razón del orden,
la armonía de toda la Creación en torno a la criatura, de modo que el sol llama con su luz, y
haciendo salir su calor la llama a cumplir la Voluntad de su Creador, y mi Fiat Divino escondido
bajo los velos de la luz, llama con insistencia, sin retirarse jamás, a recibir su Vida para poderla
desarrollar como la desarrolla en el sol, y casi para asaltarla para hacerse escuchar, inviste a la
criatura por todos los lados, a la derecha, a izquierda, sobre la cabeza, se extiende hasta bajo
los pies para decirle con su mudo lenguaje de luz: ‘Escúchame, mírame como soy bello, cuánto
bien hago a la tierra, porque una Voluntad Divina reina y domina mi luz, y tú, ¿por qué no
escuchas con mi toque de luz, para recibir la Vida del Querer Divino para hacerlo reinar en ti?’
El cielo te habla con el apacible centelleo de las estrellas, el viento con su imperio, el mar con
su murmullo y con sus olas alborotadas, el aire te habla en la respiración, en el latido, la florecita
con su perfume, en suma, todas las cosas creadas hacen competencia en llamarte a recibir mi
Voluntad para hacerla reinar, de modo que cielo y tierra no fuesen otra cosa que un acto de
Voluntad Divina. ¡Oh, si las criaturas escuchasen las tantas voces de la Creación, que si bien
mudas, pero reales y siempre en medio a ellas, se rendirían y la harían reinar como reina con
su pleno triunfo en todas las cosas creadas por Nosotros!’.
(3) Después seguía mi giro en la Creación, y habiendo llegado al Edén seguía lo que Dios
hizo en la Creación del hombre, y mi amado Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, en cuanto llegas a este punto de la creación del hombre, nos sentimos heridos
y tenemos presente la escena conmovedora de cómo fue creado por Nosotros; nuestro amor se
inflama, se desborda, corre para encontrar al hombre como fue creado por Nosotros; nuestro
amor delira y en su delirio quiere abrazarlo, estrecharlo a nuestro seno, bello y santo como salió
de nuestras manos creadoras, y no encontrándolo, nuestro amor se cambia en delirio de amor
doliente y suspira a aquél que tanto ama. Tú debes saber que fue tanto nuestro amor al crear
al hombre, que apenas creado fue puesto por Nosotros en nuestros recintos divinos, y le dimos
como pequeño átomo la voluntad humana inmersa en la inmensidad de la Divina Voluntad, por
lo que era como connatural para él, que siendo pequeño átomo debiese vivir de Voluntad Divina.
Nuestra Divinidad le decía: ‘Te damos nuestra Divina Voluntad a tu disposición, a fin de que tu
pequeño átomo de la tuya sienta la necesidad de vivir de su inmensidad, de crecer con su
santidad, de embellecerse con su belleza, de servirse de su luz; viéndose pequeño se sentirá
feliz de vivir en los recintos de nuestro Fiat para vivir de nuestras cualidades divinas’. Y Nosotros
nos deleitábamos de ver este pequeño átomo de la voluntad humana vivir en nuestros
interminables recintos, a cuidado nuestro, bajo nuestra mirada crecía bello y gracioso, de una
rara belleza, tanto, de raptarnos y encontrar en él nuestras delicias. Pero fue breve su felicidad
y nuestras alegrías por haber creado al hombre, este átomo del querer humano no quiso vivir
de Voluntad Divina, sino de sí mismo, se puede decir que reprimió la nuestra para vivir de la
suya, porque por cuanto quisiera salir de nuestra Voluntad, no encontraba ni siquiera un
pequeño espacio a donde irse, porque no hay punto donde Ella no se encuentre, así que, aunque
no quiso vivir de la nuestra, no tenía a dónde ir, así que mientras estaba en nuestro Fiat Divino,
pero vivía como si no estuviera, y voluntariamente vivía de sus miserias y de las tinieblas que
se formaba él mismo. Ésta es la razón de nuestro suspiro continuo, que no tenga más reprimido
nuestro Querer, sino que más bien reprima el átomo de su querer para vivir feliz y santo, y poder
encontrar en él nuestras delicias”.
+ + + +
1709 sig