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Mayo 20, 1930
Toda la Creación es miembro de Dios, y cómo participa
en todas las cualidades divinas. La Divina Voluntad,
recolectora de todos los actos que le pertenecen.
(1) Estaba según mi costumbre siguiendo los actos de la Divina Voluntad en la Creación.
Comprendía que está totalmente unida con su Creador, y parece que como miembro goza la
unión con su cuerpo, y en virtud de esta unión el miembro siente el calor, el movimiento, la vida.
Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada cosa creada es un miembro mío distinto, y tal me sirve para mantener el
orden, la vida de la Creación, y por medio de ella me sirvo, ahora para hacer uso de la
misericordia, ahora de mi potencia y ahora de mi justicia; mucho más que estando la Creación
inmersa en mi Divina Voluntad, no se puede mover ni obrar si mi Fiat Divino no le da el
movimiento, ni la actitud de obrar. Ahora, al igual que la Creación, la criatura es miembro de
Dios, y hasta en tanto que quede unida con Dios participa de todas las cualidades de Dios, del
mismo modo que un miembro unido al cuerpo participa de la circulación de la sangre, del calor,
del movimiento del mismo cuerpo. ¿Pero quién mantiene firme esta unión, permanente y en
pleno vigor este miembro de la criatura unido a su Creador? Mi Divina Voluntad. Ella es vínculo
de unión y comunicación de calor y movimiento, en modo de hacer sentir a cada movimiento la
Vida de su Creador, y pone, más que sangre, en circulación con este miembro la santidad Divina,
la fuerza, la bondad, en suma, todas las cualidades de su Creador; pero si no está mi Voluntad,
será un miembro separado que no puede fluir a la comunicación del cuerpo, y si aparentemente
parece unido, será como un miembro paralizado que vivirá con dificultad, sin movimiento, y será
de fastidio y de dolor a la cabeza divina, el tener un miembro y no poder comunicar el bien de
su Vida”.
(3) Después de esto ha agregado: “Hija mía, mi Divina Voluntad es la recolectora de todo lo
que le pertenece. Ella, celosa de sus actos no pierde uno solo, porque cada uno de sus actos
contiene un acto infinito, una eternidad toda entera, una interminabilidad que no termina jamás,
así que son actos no sujetos a perderse, y mi Fiat cuando forma sus actos es tanto el amor, el
celo de su acto, que se lo tiene en su regazo de luz como gloria y triunfo de la potencia de su
obrar. Ahora, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad y encierra en Ella sus actos, se vuelve
un acto de Voluntad Divina, y entonces repite por sí todos los actos que hace la Divina Voluntad,
y le da la gloria, la correspondencia de sus actos divinos, y ¡oh! cómo mi Fiat Divino se siente
triunfante de esta criatura, porque encuentra en ella un acto puro de su Voluntad, y se hace
recolectora de todo lo que puede hacer esta criatura, no pierde ni siquiera un respiro, porque en
todo encuentra su Voluntad obrante, y esto le basta para tener actos dignos de Ella, y la ama
tanto que la tiene estrechada en su regazo de luz para darle la Vida continua de su Querer, y
para recibir de ella la correspondencia. Por eso hija mía, sé atenta a recibir esta Vida de
Voluntad Divina, para poder decir: Vida de Voluntad Divina me das, y Vida de Voluntad Divina
te doy”.
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1706 sig