28-12
Mayo 10, 1930
Todas las cosas creadas son felices porque han sido creadas por
una Voluntad Divina. Dios amó al hombre con amor perfecto
y le donó amor, santidad, y belleza completas.
(1) Mi pequeña alma continúa su curso en las obras que creó la Divina Voluntad, y mientras
miraba la Creación para unirme a los homenajes que dan a mi Creador, veía que todo era
felicidad en ellas: El cielo, feliz en su extensión que se extendía a todos los puntos, parece que
su extensión dice plenitud de felicidad, y todas sus estrellas son grados de felicidad que el cielo
posee, que elevándose hacia su Creador lo glorifica con la felicidad de su extensión y con tantas
categorías de estrellas que posee; el sol es feliz en su luz, en la fecundidad de su calor, en la
belleza de sus variados colores, en la dulzura y distintos gustos que posee, ¡oh! cómo es feliz,
cómo se eleva a Aquél que lo ha creado para llevarle la gloria, los homenajes de tanta felicidad
que posee. Pero mientras mi mente se perdía en las tantas felicidades que posee la Creación,
mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las cosas creadas son felices, felices porque han sido creadas por una
Voluntad Divina que por Sí misma es eternamente feliz, felices por el oficio que ocupan, felices
en el espacio en el cual se encuentran, felices porque glorifican a su Creador. Ninguna cosa
creada por Nosotros ha sido creada infeliz, por eso todas poseen la plenitud de la felicidad.
(3) Ahora, si tanta felicidad pusimos en toda la Creación, al crear al hombre no sólo lo creamos
doblemente feliz, dándole la vena de la felicidad en la mente, en la mirada, en la palabra, en el
latido, en el movimiento, en el paso, sino que le dimos en su poder la misma felicidad, para que
la multiplicara en cada acto bueno, palabra, paso, y lo demás que hubiera hecho, no hubieron
límites de felicidad para él como en las cosas creadas, al hombre le fue dada la virtud de crecer
siempre más en la felicidad, pero esto siempre y cuando se hiciera dominar por mi Divina
Voluntad; sin Ella no puede reinar la felicidad. ¡Oh, si las cosas creadas pudiesen salir de
nuestro Fiat, perderían al instante la felicidad y se cambiarían en obras, las más infelices! Por
eso si quieres ser feliz déjate dominar por mi Querer Divino, porque sólo Él tiene la virtud de dar
la felicidad a la criatura, y de cambiar en el néctar más dulce las cosas más amargas. Hija mía,
tú debes saber que Nosotros amamos con amor perfecto a la criatura, y por eso al crearla
poníamos en ella felicidad completa, amor, santidad y belleza completa, a fin de que la criatura
pudiera ponerse en competencia con Nosotros y correspondernos con felicidad, amor y santidad
completos, de modo de podernos deleitar tanto en ella, de poder decir: ‘Cómo es bella la obra
creada por Nosotros’. Y para estar seguros de que nuestros dones no sufrieran detrimento en
la criatura, la confiamos a nuestra Divina Voluntad, a fin de que le sirviera de vida para custodiar
en ella nuestra felicidad, nuestro amor, nuestra santidad y belleza, haciéndolos crecer siempre.
Por eso todo el bien del hombre estaba ligado a nuestra Divina Voluntad; rechazada Ésta todos
los bienes terminan, no hay desventura más grande que la de no hacerse dominar por mi Divina
Voluntad, porque sólo Ella es la conservadora y el llamado de nuestros bienes en la criatura”.
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1705 sig