dado a él desde dentro de nuestro Querer Divino, ésta no quedó separada de nuestro Fiat. Si
creamos en él el amor, el movimiento, el paso, este amor quedó vinculado con nuestro amor,
con nuestro movimiento y la virtud comunicativa de nuestros pasos en sus pies. Así que
sentíamos al hombre dentro de Nosotros, no fuera de Nosotros; no el hijo lejano, sino cercano,
más bien fundido con Nosotros. ¿Cómo no amarlo si era nuestro, y su vida estaba en la
continuación de nuestros actos? No amarlo sería ir en contra de la naturaleza de nuestro amor.
Y además, ¿quién es aquél que no ama lo que es suyo y lo que ha sido formado por él? Por
eso nuestro Ser Supremo se encontraba y se encuentra todavía ahora en la condición de
necesidad de amarlo, porque el hombre es aún hoy aquél creado por Nosotros, su aliento lo
sentimos en el nuestro, su palabra es el eco de nuestro Fiat, no hemos retirado todos nuestros
dones, somos el Ser inmutable y no estamos sujetos a cambiar, lo amamos y lo seguimos
amando, y es tanto este nuestro amor, que Nosotros mismos nos ponemos en la condición de
amarlo. He aquí por qué nuestras tantas estratagemas de amor, y el último asalto que queremos
darle es el gran don de nuestro Fiat, a fin de que lo haga reinar en su alma, porque sin nuestro
Querer el hombre siente los efectos de su Vida, pero no descubre la causa, y por eso no pone
atención en amarnos, en cambio nuestra Divina Voluntad hará sentir quién es Aquél que le da
la vida, y entonces también él sentirá la necesidad de amar a Aquél que es causa primaria de
todos sus actos y que tanto la ama”.
(4) Después seguía mi giro en la Creación, y mi siempre amable Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, mira qué orden hay en la creación de todo el universo, hay cielo, estrellas, soles,
todos ordenados. Mucho más al crear al hombre, nuestro Ser Divino extendía en el fondo de su
alma el orden de nuestras cualidades divinas como tantos cielos, así que extendíamos en él el
cielo del amor, el cielo de nuestra bondad, el cielo de nuestra santidad, de nuestra belleza, y así
de todo lo demás. Y después de haber extendido el orden de los cielos de nuestras cualidades
divinas, nuestro Fiat en la extensión de estos cielos se constituyó Sol del alma, que con su luz
y calor reflejando en él, debía hacer crecer y conservar nuestra Vida Divina en la criatura. Y así
como nuestras cualidades divinas hacen conocer al Ser Supremo, así estos cielos extendidos
en el hombre hacen conocer que él es nuestra habitación. ¿Quién puede decirte el modo, el
amor con el cual nos deleitamos al crear al hombre? ¡Oh, si él conociera quién es, qué posee,
cómo se estimaría más y estaría atento a no manchar su alma, y amaría a Aquél que con tanto
amor y gracia lo ha creado!”
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28-11
Mayo 2, 1930
La Divina Voluntad corre siempre hacia la criatura para abrazarla
y volverla feliz, y tiene virtud de vaciarla de todos los males. La
carrera del “te amo” en el Querer Divino.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, su luz me eclipsa, su fuerza potente me encadena,
su belleza me rapta, tanto, de sentirme clavada sin poderme apartar de pensar y mirar a un
Querer tan Santo. Su Vida abate la mía y me pierdo en su inmensidad, pero mientras mi mente
se perdía en el Fiat omnipotente, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome
entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad corre siempre como acto primero de vida hacia la criatura, y
corre para felicitarla, para abrazarla, para vaciarla del peso de todos los actos humanos, porque
todo lo que no es Voluntad mía en la criatura, es duro, pesado y oprimente, y Ella vacía todo lo
que es humano y con su soplo vuelve ligera cualquier cosa. Por eso la señal si el alma vive en