habrían venido a la existencia, porque para Nosotros no hay pasado ni futuro, sino todo es
presente y en acto, si esto no fuese, nuestro Fiat se encontraría restringido y obstaculizado, no
podría engrandecer tanto sus llamas para encerrar a todos en su luz, de modo de hacer en todos
lo que hace en una sola criatura. Por eso no fue sólo Adán el afortunado de la Creación, sino
todas las otras criaturas venían enriquecidas de todos los bienes, y en él, poseedoras de sus
mismos bienes. Mucho más que todo lo que Dios hace en una sola criatura, todas las otras
criaturas adquieren el derecho de nuestros actos, a menos quien no quiera servirse de ellos.
¿No sucedió esto en la misma Redención? Como la Soberana del cielo tuvo el bien de
concebirme y de darme a la luz, todas las otras criaturas adquirieron el derecho de los bienes
de la Redención, y no sólo esto, sino de poderme recibir cada una en sus corazones, y sólo
quien ingrata no me quiere, permanece privada de Mí. Ahora hija mía, Adán con desobedecer
a nuestros quereres perdió nuestro reino, y todos los bienes de nuestro Fiat permanecieron para
él sin la Vida alimentadora y vivificadora de nuestra Divina Voluntad. Se puede decir que fue
como el destructor de los bienes del reino de mi Divina Voluntad en su alma, porque a todos los
bienes, si les falta la virtud vivificadora y el alimento continuo, poco a poco pierden la vida.
(3) Ahora, tú debes saber que para llamar de nuevo a vida a estos bienes en la criatura, se
necesitaba quién llamase de nuevo a mi Fiat en su alma y que nada le negase, haciéndolo
dominar libremente, y así poderle suministrar de nuevo su virtud vivificadora y alimentadora,
para llamar de nuevo a vida los bienes destruidos. He aquí por esto que mi Divina Voluntad con
el dominarte, y tú con hacerte dominar, ha puesto nuevamente su virtud vivificante en tu alma y
llamándote a su morada te alimenta, para volver a llamar en ti todos sus bienes; y todos tus
actos que haces en Ella, tus giros en sus actos, tu pedir continuamente su reino sobre la tierra,
no son otra cosa que alimentos que te da, y constituye el derecho a las otras criaturas de poder
recibir de nuevo el reino de mi Divina Voluntad con la vida de todos sus bienes. Yo cuando
quiero hacer un bien a todas las criaturas, pongo la fuente surgidora en una criatura, de esta
fuente abro tantos canales y doy el derecho a todos de tomar los bienes que la fuente posee.
Por eso sé atenta y tu vuelo en mi Divina Voluntad sea continuo”.
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28-10
Abril 23, 1930
Dios al crear al hombre no lo separó de Sí. Condición de
necesidad de amarlo. El gran don de la Voluntad Divina.
Orden que Dios tuvo al crear al hombre.
(1) Me parece que mi dulce Jesús tiene deseos de hablar del amor rebosante con el cual fue
creado el hombre, quiere decir su historia como desahogo de su intenso amor para ser
compadecido por su pequeña hija, y decirle la causa por la que nos ama tanto, y el derecho que
tiene de ser amado.
(2) Después, girando en los actos de su Querer Divino, y habiendo llegado al Edén ha dicho:
(3) “Hija de mi Querer Divino, quiero hacerte conocer todas las particularidades con las cuales
fue creado el hombre, para hacerte comprender el exceso de nuestro amor y el derecho de
nuestro Fiat de reinar en él. Tú debes saber que la condición del amor de nuestro Ser Divino en
la creación del hombre, era la necesidad de amarlo, porque todo lo que le dimos no quedó
separado de Nosotros, sino fundido en Nosotros. Tan es verdad, que con el aliento le infundimos
la vida, pero no retiramos nuestro aliento de aquél creado en él, sino que lo dejamos fundido
con el nuestro, de modo que conforme el hombre respiraba sentíamos y sentimos su aliento en
el nuestro. Si con nuestro Fiat creamos la palabra al pronunciarse sobre sus labios, gran don
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