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Abril 18, 1930
Cómo todos los primeros actos fueron hechos por Dios en Adán.
Celo del amor Divino. Garantía y seguridad del Fiat Divino para la
criatura. Cómo en la Creación del hombre todos estábamos presentes
y en acto. Virtud vivificadora y alimentadora del Querer Divino.
(1) Mi pobre alma siente la irresistible necesidad de navegar el mar interminable del Fiat
Supremo. Más que por un imán potente me siento atraída a hacer mi dulce morada en mi amada
heredad que mi amado Jesús me ha dado, la cual es su adorable Voluntad; me parece que
Jesús me espera ahora en un acto hecho por su Fiat Divino, ahora en otro, para darme sus
admirables lecciones. Entonces mi mente se perdía en el girar en sus actos innumerables, y
habiendo llegado al amado Edén, donde todo fue fiesta, mi amado Jesús deteniéndome me ha
dicho:
(2) “Hija mía, si tú supieras con cuánto amor fue formada la creación del hombre. Al sólo
recordarlo nuestro amor se inflama y forma nuevas inundaciones, y mientras se pone en actitud
de fiesta al recordar nuestra obra, bella, perfecta, y donde se puso tal maestría de arte que
ningún otro puede formar una similar, era tan bella que llegó a suscitar en nuestro amor el celo
de que toda fuera para Nosotros. Además, el hombre había sido hecho por Nosotros, era
nuestro, entonces el ser celoso era un derecho de nuestro amor; tan es verdad que nuestro
amor llegó a tanto, que todos los primeros actos hechos en Adán fueron hechos por su Creador;
así que el primer acto de amor fue creado y hecho por Nosotros en Adán, el primer latido, el
primer pensamiento, la primera palabra, en suma, en todo lo que él pudo hacer después, estaban
nuestros actos primeros hechos en él, y sobre nuestros primeros actos seguían los actos de
Adán. Por eso, si amaba, surgía su amor de dentro de nuestro primer acto de amor; si pensaba,
su pensamiento surgía de dentro de nuestro pensamiento; y así de todo lo demás. Si Nosotros
no hubiésemos hecho los primeros actos en él, no habría podido ni hacer nada, ni saber hacer
nada; en cambio, con el hacer el Ente Supremo los primeros actos, poníamos en Adán tantas
fuentecitas por cuantos actos primeros hicimos en él, de modo que cada vez que quisiera repetir
nuestros primeros actos, tuviese a su disposición estas fuentecitas, como tantas fuentes de
amor, de pensamientos, de palabras, de obras y de pasos. Así que todo era nuestro, dentro y
fuera del hombre, por eso nuestro celo no sólo era un derecho, sino también justicia que todo
debía ser para Nosotros y todo nuestro. Mucho más que le dábamos nuestro Querer Divino a
fin de que nos lo conservase bello, fresco y nos lo hiciera crecer con una belleza divina. Nuestro
amor no estaba contento ni satisfecho con tanto que le había dado, quería continuar dando
siempre, no quería decir basta, quería continuar su obra de amor, y para tenerlo Consigo, para
tener qué hacer con el hombre, le daba nuestro mismo Querer, a fin de que lo volviese capaz
de poder recibir siempre y de tenerlo siempre con Nosotros con una sola Voluntad, con Ella todo
estaba garantizado y al seguro para él y para Nosotros. Así que debía ser nuestro
entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, objeto de nuestra conversación. Por eso al recuerdo
de la creación del hombre, nuestro amor se pone en actitud de fiesta, pero al verlo sin el depósito
de garantía de nuestro Fiat, sin seguridad y por lo tanto vacilante, desfigurado y como lejano de
Nosotros, se pone en actitud de tristeza y siente todo el peso de nuestro amor infinito como
encerrado en Sí mismo, porque no puede darse a él, pues no lo encuentra en nuestra Divina
Voluntad. Pero esto no es todo, no fue sólo en Adán donde tanto se vertió nuestro amor, sino
llegó a hacer todos los primeros actos de los cuales debían tener vida todos los actos humanos,
cada criatura que debía venir a la luz del día estuvo presente en aquel acto de la creación del
hombre, y nuestro Fiat unido a nuestro amor corría, corría, y abrazando a todos y amando con
un solo amor a todos, ponía el primado de nuestros actos en cada una de las criaturas que