mismos actos, son mares, muros altísimos, ríos interminables; tal cual es mi Voluntad inmensa,
así vuelve a los actos de la criatura”.
(3) Después seguía al Fiat Supremo en la Creación, y mi mente se perdía en comprender el
acto continuo de Él hacia las criaturas, que por medio de las cosas creadas, o directamente nos
lleva como en brazos para ser nuestro movimiento, el respiro, el latido, nuestra vida. ¡Oh, si las
criaturas pudiesen ver qué cosa hace esta Divina Voluntad por nosotros, cómo la amarían y se
dejarían dominar por Ella. Pero, ¡ay de mí! Mientras somos inseparables de la Divina Voluntad,
todo nos viene por medio suyo, es más que nuestra misma vida, no se reconoce, no se mira y
se vive como si estuviésemos lejanos de Ella. Después, mientras giraba en la Creación, mi
amado Jesús, saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todas las cosas creadas dicen amor, pero el sol, que con su luz y calor tiene la
supremacía sobre todo, es el sembrador de mi amor. En cuanto surge la mañana así comienza
su siembra de amor; su luz y su calor invisten la tierra, y conforme pasa de flor en flor, con su
puro toque de luz siembra la diversidad de los colores y de los perfumes, y vierte la semilla del
amor, de las diversas cualidades divinas y de sus perfumes amorosos; conforme pasa de planta
en planta, de árbol en árbol, así con su beso de luz vierte, dónde la semilla de la dulzura del
amor divino, dónde la diversidad de nuestros gustos amorosos, dónde la sustancia del amor
divino, en suma, no hay planta, flor, hierba, que no reciba la semilla de nuestro amor que le lleva
el sol, se puede decir que pasa su día sembrando amor e irradiando toda la tierra, montes y
mares con su luz, siembra dondequiera el amor de la luz eterna de su Creador. Pero ¿sabes el
por qué de esta siembra continua, jamás interrumpida que hace el sol de nuestro amor sobre la
faz de la tierra, y en tantos modos? ¿Tal vez por la tierra? ¿Por las plantas? ¡Ah, no, no, todo
por las criaturas! ¡Oh sí, por amor de ellas y para tener la correspondencia del amor de ellas!
Y ¡oh! cómo quedamos heridos y amargados cuando vemos que las criaturas se sirven de las
flores, frutos y todas las cosas sin reconocer que en todo lo que toma está la semilla de nuestro
amor, que por medio del sol hemos vertido sobre cada cosa creada. Y a tanto amor se nos
niega un te amo”.
(5) Dicho esto ha hecho silencio. Yo he quedado afligida ante tanto dolor de Jesús y
continuaba mis actos en el Fiat Divino, y Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, el sol, si bien incansable en hacer de sembrador de nuestro amor sobre la tierra,
en el ocaso, al retirarse para formar el día a otras regiones, parece que da la paz a la tierra,
dándole la libertad de producir o no producir la semilla que ha sembrado, reservándose el nuevo
asalto de la siembra de amor. En cambio el Sol de mi Divina Voluntad no deja jamás al alma,
en ella pone sus reflejos, y con su luz, más que sol hace de sembrador divino, con sus reflejos
forma su Sol en la criatura. Por eso, para quien vive en mi Querer Divino no hay noches, ni
ocasos, ni alba, ni aurora, sino siempre pleno día, porque su luz se da en naturaleza a la criatura,
y lo que es naturaleza queda como propiedad. Mucho más que el Sol de mi Divina Voluntad
posee la fuente de la luz, y cuantos Soles quiere formar, tantos forma. Pero con todo esto, a
pesar que para quien vive en mi Querer posee su Sol sin jamás retirarse, el Sol de mi Fiat tiene
siempre para dar nueva luz y calor, nueva dulzura, nuevos gustos, nueva belleza, y el alma tiene
siempre qué tomar, no hay pausas como con el sol que está bajo la bóveda del cielo, porque no
poseyendo la fuente de la luz no puede formar tantos soles según la tierra gira en torno a él.
Pero para el Sol de mi Querer Divino que posee la fuente, su luz golpea siempre, y llamando a
la criatura a continuo trabajo con Él, le da siempre su acto nuevo, jamás interrumpido”.
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1700 sig