rayos que emanaban, que se unían unos con otros, de modo que formaban uno solo. Me parecía
ver el misterio de la Santísima Trinidad, y el hombre formado con las tres potencias a imagen
de Ella. Comprendía también que quien estaba en aquella luz, su voluntad quedaba
transformada en el Padre, la inteligencia en el Hijo y la memoria en el Espíritu Santo. ¡Cuántas
cosas comprendía! pero no sé manifestarlo.
+ + + +
3-69
Mayo 13, 1900
Privación de Jesús.
(1) Continúa el mismo estado y tal vez aun peor, si bien hago cuanto puedo para estarme
quieta sin turbarme, porque así quiere la obediencia, pero con todo esto no dejo de sentir el peso
del abandono que me oprime y llega hasta aplastarme. ¡Oh Dios! ¿qué estado es este? ¿Dime
al menos en qué te he ofendido? ¿Cuál es la causa? ¡Ah Señor, si quieres continuar en este
modo creo que no podré resistir más!
(2) Por eso, en cuanto se ha hecho ver, poniéndome una mano bajo la barbilla en actitud de
compadecerme, me ha dicho:
(3) “¡Pobre hija, a qué estado te has reducido!”
(4) Y haciéndome partícipe de sus penas, como rayo ha desaparecido dejándome más afligida
que antes, como si no hubiese venido, es más, me siento como si no hubiese venido desde hace
mucho tiempo, y siento tal aflicción por esto, que vivo, pero mi vivir es un continuo agonizar. ¡Ah
Señor, dame ayuda y no me dejes en el abandono, si bien lo merezco!
+ + + +
3-70
Mayo 17, 1900
Potencia de las almas víctimas.
(1) Continúa el mismo estado de privación y de abandono. Entonces, encontrándome fuera
de mí misma veía una inundación de agua mezclada con granizo, parecía que varias ciudades
quedaban inundadas con notables daños. Mientras esto veía, me encontraba en gran
consternación porque quería impedir aquella inundación, pero como me encontraba sola y sobre
todo no tenía conmigo a Jesús, mis pobres brazos los sentía débiles para poder hacerlo.
Entonces, con gran sorpresa he visto venir una virgen (me parecía que era de América), y ella
de un punto y yo del otro hemos logrado impedir en gran parte el flagelo que nos amenazaba.
Después de esto, habiéndonos reunido, veía aquella virgen con las insignias de la pasión y
coronada con corona de espinas, como también me encontraba yo, y a una persona que me
parecía que fuese un ángel que decía:
(2) “¡Oh potencia de las almas víctimas! Lo que no nos es dado hacer a nosotros, ángeles,
ellas con sus sufrimientos lo pueden hacer. ¡Oh! si los hombres supieran el bien que les viene
de ellas, porque están para el bien público y particular, no harían otra cosa que implorar a Dios
que multiplique estas almas sobre la tierra”.
(3) Después de esto, habiéndonos dicho que nos encomendáramos mutuamente al Señor,
nos hemos separado.