vacilante, sintió qué cosa es debilidad, y se sintió siervo de pasiones que lo hacían avergonzarse
de sí mismo, y llegó a perder su dominio. Así que no estaba más en su poder, como antes, la
fuerza, la luz, la gracia, la paz, sino que la debía mendigar de su Creador con lágrimas y
oraciones. ¿Ves entonces lo que significa vivir en mi Querer Divino? Ser dueña; quien hace su
voluntad es siervo”.
(5) Y yo sorprendida por lo que Jesús decía le he dicho: “Amor mío, por cuan consolador es
oírte hablar de tu Querer Divino, otro tanto es doloroso oír los males de la voluntad humana”. Y
Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, si es necesario hablarte de mi Fiat Divino que servirá como invitación, alicientes,
voces suaves, dulces y fuertes para llamar a todos a vivir en la morada regia de mi Divina
Voluntad, a fin de que no sean más siervos sino dueños, así es necesario hablarte de los males
de la voluntad humana, porque Yo no quitaré jamás el libre albedrío al hombre, por eso es
necesario que en el reino de mi Voluntad Divina haga montar las guardias, los nobles centinelas
que tengan en guardia a las criaturas, haciéndoles conocer el gran mal del querer humano, a fin
de que estén muy atentos, y aborreciéndolo, amen la felicidad y el señorío que les da mi Divina
Voluntad”.
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28-3
Marzo 5, 1930
Jesús quiere ver su Fiat palpitante en la criatura. El vivir en Él es
el llamado a todos los actos en la Unidad Divina. Qué significa Unidad.
(1) Vivo siempre en el dolor de la privación de mi dulce Jesús; ¡qué duro martirio! Si no fuera
porque su Querer Santo ha tomado su lugar, haciéndose sentir continuamente, que mientras me
da vida me tiene siempre ocupada y perdida en Él, yo no sé como haría para vivir, pero a pesar
de todo esto, los tantos queridos recuerdos de Jesús al que yo creía que no perdería jamás de
vista, sus dulces y repetidas visitas, sus tantas estratagemas amorosas, sus tantas sorpresas,
que me parecía vivir más en el cielo que en la tierra, al sólo recordarlo son heridas crueles que
me hacen más crudo mi doloroso martirio. ¡Ah Jesús, Jesús! Cómo te es fácil hacer a un lado
y olvidar a quien te ama, y así formas su martirio, y Tú mismo habías dicho tantas veces que me
amabas. ¡Ah Jesús, regresa porque no puedo más! Pero mientras mi pobre alma sentía la
fiebre por querer a Jesús, y delirando desatinaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior y
estrechándome entre sus brazos, casi para poner termino a mis desatinos me ha dicho:
(2) “Hija mía, tranquilízate, tranquilízate, estoy aquí, no te he puesto a un lado, ni la naturaleza
de mi amor sabe olvidar a ninguno, más bien estoy en ti para dirigir todos tus actos en mi Divina
Voluntad, porque no quiero que ningún acto tuyo, aun mínimo, no sea noble y divino y que no
tenga el sello de mi Fiat Divino, quiero verlo palpitando en todos tus actos, éste es todo mi
empeño, formar la primera copia del alma que debe vivir en mi Querer Divino”.
(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo seguía mi giro en el Fiat Divino, quería recoger todo lo
que han hecho las criaturas para encerrar todo en la Divina Voluntad, y mi Sumo Bien Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, el vivir en mi Querer Divino es la llamada a todos los actos de las criaturas en la
unidad de Ella. Todo ha salido de dentro de su unidad, de nuestro acto único que da vida a
todos los actos, por eso es derecho nuestro, de justicia, que todo nos regrese para reconocer
de dónde han salido. El reconocer de dónde viene un acto, quién es el que hace salir a vida a
tantos actos, en qué modo y cómo, es el más bello homenaje a nuestra potencia y sabiduría,