sustraerse de mi Divina Voluntad; ahora, donde ha estado la muerte del bien, se requiere el
sacrificio de la vida para hacer resurgir el bien destruido. He aquí por qué, justa y sabiamente,
cuando he querido renovar el mundo y dar un bien a las criaturas, he pedido el sacrificio de vida,
como pedí el sacrificio a Abraham, que me sacrificara a su único hijo, como en efecto lo hizo,
pero impedido por Mí se detuvo, y en aquel sacrificio que le costaba a Abraham más que su
propia vida, resurgía la nueva generación donde debía descender el Divino Libertador y
Redentor, que debía hacer resurgir el bien muerto en la criatura. Con el andar del tiempo permití
el sacrificio de Jacob, con el gran dolor de la muerte de su amado hijo José, y si bien no murió,
pero para él fue como si en realidad hubiese muerto; era la nueva llamada al celestial Libertador
la que resurgía en aquel sacrificio, que llamaba a hacer resurgir el bien perdido. Además de
esto, Yo mismo al venir a la tierra quise morir, pero con el sacrificio de mi muerte llamaba al
resurgimiento de tantas vidas y el bien que la criatura había hecho morir, y quise resucitar para
confirmar la vida del bien y la resurrección a la familia humana. Qué gran delito es hacer morir
el bien, tanto, que se requiere el sacrificio de otras vidas para hacerlo resurgir. Ahora, con toda
mi Redención y con el sacrificio de mi muerte, no reinando mi Divina Voluntad, no todo el bien
ha resurgido en la criatura, Ella está reprimida y no puede desarrollar la santidad que quiere, el
bien sufre intermitencias, ahora surge, ahora muere, y mi Fiat queda con el dolor continuo de no
poder hacer surgir todo el bien que quiere en la criatura. Es por esto por lo que me quedé
Sacramentado en la pequeña Hostia, partí para el cielo, pero al mismo tiempo me quedé en la
tierra, en medio a las criaturas, para nacer, vivir y morir, si bien místicamente, para hacer resurgir
todo el bien en ellas, que el hombre rechazó con sustraerse de mi Divina Voluntad. Y a mi
sacrificio quise unido el sacrificio de tu vida, para hacer resurgir su reino en medio de las
generaciones humanas, y desde cada Tabernáculo estoy como espiando para hacer obra
completa, Redención y Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra, contentándome con
sacrificarme y morir en cada Hostia para hacer resurgir el Sol de mi Fiat Divino, la nueva era y
su pleno triunfo. Yo al partir de la tierra dije: ‘Voy al cielo y quedo sobre la tierra en el
Sacramento, estaré contento de esperar siglos, sé que me costará mucho, ultrajes inauditos no
me faltarán, quizá más que en mi misma Pasión, pero me armaré de paciencia divina, y desde
la pequeña Hostia haré obra cumplida, haré reinar mi Querer en los corazones y continuaré
estando en medio de ellos para gozarme los frutos de los tantos sacrificios que he sufrido.’ Por
eso, únete junto Conmigo al sacrificio por una causa tan santa, y por el justo triunfo de que mi
Voluntad reine y domine”.
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28-2
Febrero 26, 1930
Cómo es necesario desear un bien. Si no se forma el pueblo a la
Divina Voluntad, no puede tener su reino. Quien vive en el
Fiat es dueño y señor, quien hace su querer es siervo.
(1) Estaba pensando en el gran interés que mi siempre amable Jesús tiene de hacer conocer
su Santa Voluntad, y decía entre mí: “Ama, suspira, quiere que venga su reino, y después tarda
en hacerlo surgir en medio a las criaturas; si lo quisiera, todo puede, potencia no le falta, en un
momento puede arrollar cielo y tierra, ¿quién puede resistir a su potencia? Ninguno. Mucho
más que en Jesús, querer y poder es lo mismo, ¿por qué entonces tarda hasta ahora?” Pero
mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose y haciéndose sentir en mi interior me ha
dicho: