rey de ellas, por cuanto fuesen o parecieran grandes, son siempre pequeñas en comparación
de aquél a quien deben servir. Entonces, después de que el universo fue creado y todas las
cosas estaban en su puesto de orden, esperando a aquél, a quien como un ejército ordenado,
debían alinearse en torno a él para servirlo y obedecer sus órdenes, creamos al hombre. Todas
las cosas creadas y su mismo Creador se volcaron sobre de él para cantarle nuestros eternos
amores y decirle: ‘Todos tenemos la marca de nuestro Creador y la ponemos sobre de ti, que
eres su imagen’. Cielos y tierra hicieron fiesta completa, y nuestra misma Divinidad festejó con
tanto amor la creación del hombre, que al sólo recordarlo rebosa tan fuerte nuestro amor, que
desbordando forma mares inmensos en torno a Nosotros.
(5) Ahora, el reino de mi Divina Voluntad es más grande que la obra de la Creación, y por eso
se puede decir que es la llamada a nuestro Ser Divino a obrar más que en la misma Creación.
Por eso todo lo que hice al principio en tu alma simboliza la Creación, te quise toda para Mí y
toda mía para estar libre de hacer lo que Yo quisiera; quise el vacío de todo en tu alma para
poder extender mi cielo; el tanto hablar sobre las virtudes que te decía eran estrellas, que
practicadas por ti, en el modo querido por Mí, me servía de ellas para adornar el cielo que había
extendido en ti. Así que quería reparar en ti y rehacerme de todo lo que de mal e indigno había
hecho la familia humana; para llamar al sol de mi Fiat Divino era necesario preparar con decoro
a aquélla que debía recibir, por primera, la Vida de mi Divina Voluntad. He aquí el por qué hacía
correr los mares de gracia, las más bellas florituras, casi como en la creación del hombre, en el
cual debía reinar mi Fiat Divino; así en ti, todo lo que Yo hacía se ponía a la expectativa para
cortejar como un ejército divino el sol de mi Eterno Querer. Y como en la Creación abundamos
tanto en el crear tantas cosas que debían servir al hombre, porque este hombre debía hacer
reinar en él a mi Divina Voluntad, así en ti, todo ha sido hecho para que Ella encontrase su
puesto de honor y de gloria. Por eso era necesario que primero debía prepararte con tantas
gracias y enseñanzas, como cosas pequeñas en comparación del gran sol de mi Querer Divino,
que con tantas manifestaciones suyas, mientras se hacía conocer formaba su Vida para reinar
y formar su primer reino en la criatura. Así que no te maravilles, es el orden de nuestra sabiduría
y providencia, que primero hace las cosas pequeñas y después las grandes, por cortejo y por
decoro de las cosas grandes. ¿Qué cosa no merece mi Fiat Divino? ¿Qué no se le debe? ¿Y
qué cosa no ha sido hecha por Él? Por eso cuando se trata de Ella o de hacerla conocer, Cielos
y tierra se postran reverentes y todos adoran en mudo silencio un solo acto de mi Divina
Voluntad”.
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27-34
Febrero 11, 1930
El hombre fue creado para vivir familiarmente con Dios y en su
casa; pero habiéndose sustraído de su Voluntad, por bondad de
Dios le fue dada la justificación.
(1) Mi pobre mente sufre el dulce encanto del refulgente sol del eterno Fiat, y ¡oh! cuántas
bellas escenas conmovedoras desarrolla en mí, que si yo las pudiese decir como las veo, todos
sufrirían el dulce encanto y en coro dirían: “Queremos hacer la Divina Voluntad”. Pero ¡ay de
mí! Soy siempre la pequeña ignorante, y apenas balbuceando sé decir alguna cosa. Pero al
comprender el gran bien de este Querer Divino y el cómo nadamos en sus olas altísimas de luz,
de belleza indecible, de santidad inalcanzable, pensaba entre mí: “¿Cómo es posible que no se
conozca un bien tan grande? Y mientras nadamos dentro ignoramos el gran bien que nos
circunda, que nos inviste por dentro y por fuera, que nos da la vida, y sólo porque lo ignoramos
no gozamos los admirables efectos de todos los grandes bienes que contiene un Querer tan