Santo ¡Ah! devélate, oh Fiat Omnipotente, y la faz de la tierra se cambiará”. Y además pensaba:
“¿Por qué Nuestro Señor bendito no se ha complacido en manifestar, desde el principio de la
Creación, las tantas cosas admirables que quiere hacer y dar a las criaturas esta Santísima
Voluntad?” Y mientras mi mente se perdía como raptada en el dulce encanto del Querer Divino,
mi amor, mi vida Jesús, el celestial maestro que cautiva con su bello hablar sobre su mismo
Querer, haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, la criatura no puede vivir, ni el alma ni el cuerpo, sin mi
Divina Voluntad, y como es su primer acto de vida, por eso se encuentra en las condiciones o
de recibir su acto de vida continua de Ella, o de no poder tener existencia; y como el hombre fue
creado para vivir en la opulencia de los bienes de esta Divina Voluntad, su preciada herencia,
por eso él debía vivir de Nosotros y en nuestra casa, como un hijo que vive con su padre, de
otra manera, ¿cómo podía ser nuestro entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, si no debía
vivir cerca, junto con Nosotros en nuestra Divina Voluntad? Un hijo lejano no puede formar la
alegría de su padre, su sonrisa, su diversión, su familiar conversación; de lejos no se puede
jugar juntos, ni sonreír de felicidad, es más, la sola lejanía rompe el amor y lleva la amargura de
no poder gozar de aquél a quien se ama. Mira entonces, el hombre fue creado para vivir a lo
familiar con Nosotros, en nuestra casa, en nuestra misma Voluntad, para asegurarnos nuestras
y sus alegrías y felicidad perenne. Pero el hombre, nuestro hijo, mientras era feliz en la casa de
su Padre se rebeló y salió de su casa paterna, y con hacer su voluntad perdió la sonrisa de su
Padre, sus alegrías puras, y como no podía vivir sin el concurso de nuestra Divina Voluntad, la
hicimos de Padre y le dimos la legitimación de nuestra Divina Voluntad, no más como vida que
lo llevaba en su regazo para volverlo feliz y santo, sino como concurrente para conservarlo con
vida; no para hacerlo feliz como antes, sino para darle las cosas de estrecha necesidad y según
se hubiese comportado; sin mi Voluntad Divina no puede haber vida. He aquí el por qué de mi
Fiat Divino se conoce tan poco, porque las criaturas sólo conocen de Ella su legitimación, y
muchas veces esta legitimación ni siquiera es del todo reconocida, porque quien vive de
legitimación no vive en la casa de su Padre, está lejano de Él, y muchas veces se encuentra en
las condiciones de estropear con actos indignos la misma legitimación recibida. Por eso no te
maravilles si poco se conoce de mi Divina Voluntad, si no se vive en Ella, si no se está en
continuo contacto de recibir su Vida que hace feliz, que santifica, y que estándole cerca abre
sus secretos y hace conocer quién es, qué puede darle, y cómo suspira por tener en su regazo
a la criatura para formar en ella su Vida Divina. Mucho más que el hombre con hacer su voluntad
se puso en condición de siervo, no de heredero, y el siervo no tiene derecho a la herencia de su
amo, sino a la mísera paga para vivir con penurias la vida. Por eso hija mía, se puede decir que
contigo he abierto las puertas para hacerte entrar a vivir en nuestra casa, en nuestra Divina
Voluntad, y teniéndote con Nosotros te hemos manifestado tanto de nuestro Querer Divino, no
como legitimada, sino como nuestra afortunada heredera”.
(3) Después de esto ha agregado: “Hija mía, mucho más que aquél poco que se ha escrito
en toda la historia del mundo acerca de mi Divina Voluntad, habiendo conocido de Ella sólo la
legitimación, han escrito de Ella lo que han conocido de mi Fiat después de la culpa, en qué
relaciones está con las criaturas a pesar de que la ofenden y no viven en nuestra casa. En
cambio, qué relaciones había entre mi Fiat y Adán inocente antes de pecar, nada han escrito; y,
¿cómo podían escribir si ninguno ha vivido en mi Divina Voluntad como en su casa? ¿Cómo
podían conocer sus secretos y el gran prodigio que puede hacer la Vida obrante de un Querer
Divino en la criatura? Por eso podían y pueden decir de mi Fiat Divino que dispone todo, que
ordena, que concurre, pero decir de mi Querer Divino cómo obra en Sí mismo, en su casa, la
potencia de su inmensidad que en un instante hace todo, envuelve todo, como en Sí mismo así
en la criatura, esta es ciencia que hasta ahora la criatura ignoraba; no podía ser escrita sino
después de las manifestaciones de mi Fiat Divino, y a quien llamaba a vivir en nuestra casa
como hija nuestra, cercana dentro de mi Querer, no lejana, que pudiéndonos entretener con ella
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