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Febrero 6, 1930
Efectos de vivir en el Querer Divino y en el querer
humano. Cómo el modo de obrar en el alma simboliza
la Creación. Cómo primero hace las cosas pequeñas
y después las grandes.
(1) Continúo mi abandono en el Querer Divino, mi pobre mente está siempre llena con lo que
respecta a un Querer tan Santo, es más, me parece que mis pensamientos se arrojan en su mar
de luz, y después salen como tantos mensajeros, que llevan tantas bellas noticias de dentro de
aquel mar donde han estado, y quién quiere decir una cosa, y quién otra de aquel Fiat, del cual
se glorían de conocerlo y de recibir de Él la vida. Yo me deleito en escucharlos, y muchas veces
no sé decir con palabras las tantas bellas noticias que mis pensamientos me traen del mar de
luz del Querer Divino, y siento la necesidad de que Jesús me guíe, que me sugiera las palabras,
de otra manera no sabría decir nada. Después, mientras me encontraba en el mar del Fiat
Divino, mi dulce Jesús, haciéndose ver en acto de ayudarme a cambiar en palabras lo que mi
mente pensaba, me ha dicho:
(2) “Hija mía, los efectos del vivir en mi Querer Divino son admirables. Mi Fiat tiene a la
criatura siempre dirigida hacia el Cielo y la hace crecer no de tierra, sino de Cielo, y como mi
Voluntad es una con la misma Voluntad que obra en la criatura, esta mi misma Voluntad pone
al alma en orden a su Creador y le va manifestando quién es Aquél que la ha creado, cuánto la
ama, y cómo quiere ser amado, y poniéndola de frente a los reflejos divinos, hace deleitar a su
Creador a vía de reflejos, para que haga crecer y pintar su imagen en aquélla que posee y hace
una su voluntad con la de Aquél que la ha creado. Y como mi Fiat la tiene siempre vuelta hacia
el Cielo, no tiene tiempo de mirar la tierra, porque está absorbida por el Ente Supremo, y aunque
la mirase, todas las cosas se convierten en Cielo, porque donde Ella reina tiene virtud de cambiar
naturaleza a las cosas. Por eso para la criatura que vive en mi Querer Divino, todo es Cielo,
crece para el Cielo, porque el Cielo de mi Divina Voluntad reina en su alma. En cambio quien
vive de voluntad humana está siempre vuelta hacia sí misma, y con el mirarse a sí misma, el
querer humano le va descubriendo lo que es humano, y la pone a los reflejos de lo que existe
en el bajo mundo, de modo que se puede decir que vive de tierra y crece sin la semejanza de
Aquél que la ha creado. Hay tal diferencia entre una y otra, que si las criaturas la pudiesen ver,
todos amarían y suspirarían vivir en mi Fiat, y aborrecerían el vivir de voluntad humana y lo
tendrían como la más grande desventura, que les hace perder la finalidad y el origen por el cual
fueron creadas. Sucedería como a un rey que depone su corona, sus vestidos reales, desciende
de su morada real y viste con harapos sucios, se alimenta de alimentos inmundos y vive en un
establo junto con las bestias de sus pasiones. ¿No sería para llorar la suerte de aquél? Tal es
quien se hace dominar por su voluntad humana”.
(3) Después de esto seguía pensando a las tantas cosas que mi amado Jesús ha obrado en
la pobre y pequeña alma mía, a sus tantos modos amorosos, que el querer decirlos todos me
sería imposible. ¿Quién puede decir lo que pensaba, y la causa por la que mi pequeña
inteligencia estaba como llena de lo que me había sucedido en mi existencia? Pero mientras
me encontraba en poder de tantos pensamientos, mi sumo y único bien Jesús, estrechándome
toda a Él, con ternura indecible me ha dicho:
(4) “Hija mía, mi modo de obrar en tu alma simboliza toda la Creación. Obra grande fue la
Creación, pero como nuestras obras son ordenadas, nos contentamos primero con crear las
cosas pequeñas, el cielo, las estrellas, el sol, el mar, las plantas y todo lo demás, esto es,
pequeñas en comparación de la creación del hombre, que todo debía superar y tener la
supremacía sobre todo; y cuando las cosas deben servir a aquél que las debe dominar y ser el