habitación, pero a pesar de que la escogí de Nazaret, quise que perteneciera a la ciudad capital
de Jerusalén, en la cual estaba el cuerpo de los pontífices y sacerdotes que entonces me
representaban y anunciaban mis leyes. Para el reino de mi Divina Voluntad he escogido otra
virgen, que aparentemente no tiene ninguna importancia, ni de grandes riquezas, ni de altura de
dignidades, la misma ciudad de Corato no es ciudad importante, pero pertenece a Roma, donde
reside mi representante en la tierra, el romano Pontífice, del cual parten mis leyes divinas, el
cual, así como se hace un deber el hacer conocer a los pueblos mi Redención, así se hará un
deber el hacer conocer el reino de mi Divina Voluntad. Se puede decir que la una y el otro irán
a la par en el modo y en el cómo, cómo se debe desarrollar el reino de mi Fiat Supremo”.
(4) Después de esto seguía mi giro en el Querer Divino, y habiendo llegado al Edén rogaba a
Jesús que pronto restableciera la finalidad de la creación del hombre como salió de sus manos
creadoras; pero mientras esto hacía, mi amado Jesús, haciéndose oír en mi interior, me hacía
sentir que su corazón divino se estremecía fuertemente, y todo ternura me ha dicho:
(5) “Hija mía, cada vez que se menciona el Edén, mi corazón se sobresalta de alegría y de
dolor al recordar el modo, el cómo fue creado el hombre, su estado feliz, su belleza raptora, su
soberanía, nuestras y sus alegrías inocentes con las que nos deleitábamos juntos, cómo era
bello nuestro hijo, parto digno de nuestras manos creadoras; ahora, al recordar esto, es tan
dulce y agradable a mi corazón, que no puedo hacer menos de estremecerme de alegría y de
amor; pero después, al verlo cambiado en su suerte y descendido de su felicidad en los males
de su voluntad humana, porque nuestra Divina Voluntad era el preservativo a todos sus males
y la conservadora del como salió de nuestras manos creadoras, que poniéndolo en competencia
con su Creador lo ponía en condiciones de poder dar su amor, sus alegrías inocentes a Aquél
que lo había creado. Entonces, al verlo infeliz, mi sobresalto de alegría súbito viene seguido de
un sobresalto de fuerte dolor. Y si tú supieras cómo me es agradable tu regresar a este Edén
para ponerme delante lo que de bello, de santo, de grande se hizo en la creación del hombre,
me das el contento, la alegría de hacerme repetir mi sobresalto de alegría, y de poner un
calmante a mi sobresalto de dolor, que si no hubiera sido seguido por la esperanza cierta de que
mi hijo, en virtud de mi Fiat debe regresarme feliz, dándome sus alegrías inocentes como fue
establecido por Nosotros al crearlo, mi sobresalto de dolor no tendría tregua, y daría gritos tan
fuertes que haría llorar a los mismos Cielos. Por eso al oír tu continuo estribillo: ‘Quiero el reino
de tu Querer Divino’, mi corazón divino se siente detenido el estremecimiento de dolor, y
estremeciéndome de alegría digo: ‘La pequeña hija de mi Querer quiere y pide mi reino’. Pero,
¿por qué lo quiere? Porque lo conoce, lo ama y lo posee, por eso ruega que lo posean las otras
criaturas. Porque siendo mi Divina Voluntad principio de vida de la creación del hombre, Ella
sola le da la capacidad de poder recibir todo de su Creador, y de poderle dar todo lo que quiere,
que Él quiere. Mi Fiat tiene virtud de cambiar las condiciones del hombre, su fortuna, con Él
todo le sonríe, todos lo aman, todos lo quieren servir, y se tienen por afortunados de servir a mi
Querer Divino en él, esto es, en la criatura donde reina mi Divina Voluntad”.
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