ni puede no escucharla favorablemente, porque la criatura rogando en mi Fiat Divino, sentimos
la fuerza de nuestro Querer, que con su imperio ruega, con su inmensidad se extiende
dondequiera, y abrazando la fuerza universal, la oración se extiende por todas partes, de modo
que nos sentimos cercados por todos lados, sentimos nuestra misma Voluntad en Nosotros que
ruega, y de oración se cambia en orden y dice: ‘Quiero’. E imperando sobre nuestro Ser Divino
con su dulce imperio, decimos: ‘Queremos’. Por eso las oraciones hechas en nuestro Fiat
Divino se pueden llamar decisiones, órdenes, que llevan el reescrito firmado de lo que se quiere,
y si no se ve al instante lo que se quiere, es porque estamos disponiendo las causas secundarias
para sacar de Nosotros lo que hemos decidido dar. Por eso no hay que dudar, porque tarde o
temprano verá descender del cielo lo que con decisión le ha sido concedido. Por eso continúa
las oraciones en nuestro Fiat, oraciones que mueven Cielos y tierra, y hasta al mismo Dios, si
amas ver mi reino sobre la tierra, y Yo rogaré junto contigo para obtener el intento. Mucho más
que el único fin de la Creación fue propiamente esto: Que nuestro Querer Divino debía reinar
como en el Cielo así en la tierra”.
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27-32
Enero 30, 1930
Así como se desarrolló la Redención, así se desarrollará
el reino de la Divina Voluntad. Analogía entre una y otra.
Sobresalto de alegría y de dolor de Jesús.
(1) Estaba pensando en cómo podía venir el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, en
qué modo se podrá desarrollar, y quiénes serán los primeros afortunados que tendrán un bien
tan grande. Y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha estrechado a Sí, y dándome tres besos me
ha dicho:
(2) “Hija mía, del mismo modo como se desarrolló el reino de la Redención, así se desarrollará
el reino de mi Voluntad. Se puede decir que la Redención va haciendo el giro por todo el mundo,
giro que aún no ha cumplido del todo, porque no todos los pueblos conocen mi venida a la tierra,
y por eso están privados de sus bienes; Ella va preparando y disponiendo los pueblos al gran
reino de mi Divina Voluntad.
(3) Ahora, así como mi Redención tuvo su principio no en todo el mundo, sino en el centro de
la Judea, porque en esta nación estaba el pequeño núcleo de aquellos que me esperaban,
estaba Aquélla que me había escogido por Madre, estaba san José que debía ser mi padre
putativo, en esta nación me había manifestado a los profetas haciéndoles conocer que vendría
a la tierra. Era justo que donde se conocía fueran los primeros en tenerme en medio a ellos, y
si bien fueron ingratos y muchos no me quisieron conocer, pero, ¿quién puede negar que mi
Mamá Celestial, los apóstoles, los discípulos, fueron de la nación hebrea y que fueron ellos los
primeros anunciadores que expusieron su vida para hacer conocer a las otras naciones mi
venida a la tierra y los bienes que hay en mi Redención? Así será del reino de mi Fiat Divino; los
países, las provincias, el reino, que hayan sido los primeros en conocer los conocimientos de mi
Divina Voluntad y su expresa Voluntad de querer venir a reinar en medio a las criaturas, serán
los primeros en recibir los bienes que traerá su reino; y después, haciéndose camino con sus
conocimientos hará su giro en medio de las generaciones humanas. Hija mía, hay mucha
analogía del modo como se desarrolló la Redención y el cómo se desarrollará el reino de mi
Divina Voluntad. Mira, en mi Redención escogí una Virgen, aparentemente no tenía ninguna
importancia según el mundo, ni de riqueza, ni de altura de dignidad o de puestos que la
señalaran, la misma ciudad de Nazaret no era importante, una pequeña casita era toda su