estas cosas, por eso espero que el Señor me haga verdaderamente buena y bella, y entonces,
disminuyendo mi vergüenza podré describirlas, por eso pongo punto.
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3-65
Abril 25, 1900
La pureza en el obrar es luz.
(1) Encontrándome fuera de mí misma y no encontrando a mi dulce Jesús, tuve que girar
mucho para ir en busca de Él. Al final lo he encontrado en brazos de la Reina Mamá tomando la
leche de su pecho, y por cuanto yo le decía y hacía, parecía que no me prestaba atención, más
bien ni siquiera me miraba. ¿Quién puede decir la pena de mi pobre corazón al ver que Jesús
no me hacía caso? Después de haber dado rienda suelta a las lágrimas, teniendo compasión
de mí ha venido entre mis brazos y ha derramado en mi boca un poco de esa leche que había
chupado de la Mamá Reina.
(2) Después de esto he mirado su pecho, y tenía una pequeña perla, tan resplandeciente que
investía de luz la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. Entonces, queriendo saber el
significado, le he preguntado a Jesús qué cosa era esa perla, que mientras parecía tan pequeña
expandía tanta luz. Y Jesús:
(3) “Es la pureza de tu sufrir, porque aunque es pequeño, pero como sufres sólo por amor mío
y estarías dispuesta a sufrir más si Yo te lo concediera, esta es la causa de tanta luz. Hija mía,
la pureza en el obrar es tan grande, que quien obra con el único fin de agradarme a Mí solo, no
hace otra cosa que mandar luz en todo su obrar. Quien no obra rectamente, aun el bien, no hace
otra cosa que esparcir tinieblas”.
(4) Entonces he visto en el pecho de Nuestro Señor, y tenía un espejo tersísimo, y parecía
que quien caminaba rectamente quedaba todo absorbido en ese espejo, quien no, quedaba
fuera, sin que pudieran recibir ninguna marca de la imagen del bendito Jesús. ¡Ah Señor! tenme
toda absorbida en este espejo divino, a fin de que ninguna otra sombra de intención tenga yo en
mi obrar.
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3-66
Mayo 1, 1900
Frutos de la cruz.
(1) Habiendo recibido la comunión, mi dulce Jesús se ha hecho ver todo afabilidad, y como
parecía que el confesor ponía la intención de la crucifixión, mi naturaleza sentía casi repugnancia
de someterse. Entonces mi dulce Jesús para animarme me ha dicho:
(2) “Hija mía, si la Eucaristía es garantía de la futura gloria, la cruz es desembolso para
comprarla. Si la Eucaristía es semilla que impide la corrupción, y es como esas hierbas
aromáticas, con las que ungiéndose los cadáveres no se corrompen, y dona la inmortalidad al
alma y al cuerpo, la cruz la embellece y es tan potente, que si hay deudas contraídas ella se
hace fiadora y con mayor seguridad hace que se le restituya la escritura de la deuda contraída,
y después de que ha satisfecho todo adeudo, con ello forma al alma el trono más deslumbrante
en la futura gloria. ¡Ah! sí, la cruz y la Eucaristía se alternan juntas, y una obra más potentemente
que la otra”.