el reino de nuestra Divina Voluntad. Porque en las obras que salen de dentro de la Divinidad es
siempre nuestro Querer Divino el que toma la parte activa, si bien todo nuestro Ser Divino
concurre junto, porque Él tiene virtud y oficio dirigente y obrante de todas las cosas nuestras.
Así como tú tienes las manos para obrar y los pies para caminar, y si quieres obrar no te sirves
de los pies sino de las manos, si bien todo tu ser es concurrente a la obra que quieres hacer,
así es de nuestro Ser Divino, no hay parte de Nosotros que no concurra, pero nuestra Voluntad
Divina toma la parte dirigente y obrante. Mucho más que Ella tiene su sede en la Divinidad, su
Vida corre en nuestro seno divino, es Vida nuestra, y mientras sale de nuestro seno divino, más
bien sale y queda, lleva fuera de Nosotros la virtud creadora de lo que quiere hacer, dirigir y
conservar. Ahora, como tú ves todo es obra de nuestro Fiat Divino, y por eso todas las cosas
creadas están como tantos hijos que quieren decir la historia de su Mamá, porque sintiendo su
Vida en ellas, y conociendo el origen de donde vienen, sienten la necesidad de decir cada una
de ellas quién es su Mamá, cuán buena es, cómo es bella y cómo ellas son felices y bellas
porque han sido dadas a luz por una Madre como Ella. ¡Oh! si las criaturas poseyeran como
vida a mi Divina Voluntad, conocerían tantas bellas cosas de Ella, y conocerla y no hablar de
Ella les resultaría imposible, así que no harían otra cosa que hablar de Ella, amarla, y exponer
su vida para no perderla”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, nuestra Divina Voluntad es todo, y estando por todas
partes, el alma que vive inmersa en Ella no hace otra cosa que tomar continuamente de Dios, y
Dios está en acto continuo de verterse dentro de ella, pero tanto, que no sólo la llena, sino que
no pudiendo contener todo dentro, forma mares en torno a ella, porque nuestro Querer Divino
no estaría contento si al alma que vive en Él no pudiese hacerle parte de todas las partículas de
nuestras divinas cualidades, por cuanto a criatura es posible, de modo que el alma debe poder
decir: ‘Todo me das, y todo te doy, en tu Querer Divino puedo darte todo Tú mismo’. He aquí
por qué quien vive en nuestro Fiat es nuestra inseparable, su pequeñez nos la sentimos correr
en nuestra potencia y se llena de potencia nuestra hasta no poder más, y honra nuestra potencia
porque la pone en condiciones de comunicarse a la criatura. Nos la sentimos correr en nuestra
belleza, y se llena de belleza; en nuestro amor, y se llena de nuestro amor; en nuestra santidad
y queda llena de ella. Pero mientras queda llena, nos honra, porque nos pone en condición de
embellecerla con nuestra belleza divina, de llenarla con nuestro amor, de sellar nuestra santidad,
en modo de poner en actitud todas nuestras cualidades divinas, en una palabra, nos pone en
condición de obrar y darnos qué hacer para comunicarnos a ella, porque no nos conviene tenerla
en nuestra Divina Voluntad disímil de Nosotros; será pequeña, no puede encerrar todo nuestro
Ser Divino, pero participarle todas nuestras cualidades divinas por cuanto a criatura es posible,
en modo que nada le debe faltar, esto es posible, por eso nada queremos negarle, y además, lo
negaríamos a nuestra Divina Voluntad, y sería lo mismo que negar a Nosotros mismos lo que
Nosotros mismos queremos hacer. Por eso sé atenta hija mía, en nuestro Fiat encontrarás la
verdadera finalidad para la que fuiste creada, tu origen, tu nobleza divina, encontrarás todo,
recibirás todo, y todo nos darás”.
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