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Enero 20, 1930
Cómo es bello el vivir en el Querer Divino. El alma pone a
Dios en condición de repetir sus obras. Cómo el Fiat
Divino hace de actor y espectador.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado al momento cuando fue
creada la Reina del Cielo, donde la Divinidad se quitaba la vestidura de justicia, y como
vistiéndose para fiesta renovaba el acto solemne del principio de la Creación, llamando a vida a
la noble criatura, que con vivir en el Querer Divino, –finalidad única por la cual Dios había creado
al hombre, que no debía salir de la casa de su Padre, porque sólo nuestro querer humano nos
pone fuera de Dios, de su habitación, fuera de sus bienes, de su Santidad, de su luz– Dios al
crear a la Virgen Santa retomaba la fiesta de la Creación, sus dulces sonrisas, sus santos
coloquios con la criatura, y desbordó tanto en amor, que rápido la hizo Reina de todo el universo,
ordenando a todo y a todos que como a tal la honrasen, y postrados a sus venerables pies la
reconocieran y alabaran como Reina. Entonces yo, según mi costumbre, alababa a mi Madre
Reina, saludándola a nombre de todos Reina del Cielo y de la tierra, Reina de los corazones, y
celestial Emperatriz que impera sobre todo y hasta en su Creador. ¡Ah! le decía, con tu imperio
universal impera sobre todos, a fin de que la voluntad humana ceda los derechos a la Divina
Voluntad; impera sobre nuestro Dios, a fin de que el Fiat Divino descienda en los corazones y
reine como en el Cielo así en la tierra.
(2) Mientras esto hacía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y se unía conmigo a
ensalzar a la Mamá Celestial como Reina, y estrechándome a Sí me ha dicho:
(3) “Hija mía, cómo es bello el vivir en mi Querer Divino; todo lo que ha sido hecho por Dios,
lo tiene como presente, y la criatura encuentra todo lo que ha hecho su Creador, y toma parte
en sus obras, y puede tributarle los honores, el amor, la gloria de aquel acto a su Creador. Se
puede decir que quien vive en nuestro Fiat Divino nos pone en condición de renovar nuestras
obras más bellas, y ella se hace renovadora de nuestras fiestas. La creación de la Virgen dice
claramente qué significa y qué puede hacer nuestro Querer Divino; en cuanto se posesionó de
su virginal corazón, no esperamos ni siquiera un minuto, sino que en el instante la hicimos Reina;
era a nuestra Voluntad a la que coronábamos en Ella, porque no era conveniente que una
criatura que poseyese nuestro Querer, no tuviese la corona de reina y el cetro de mando.
Nuestra Divina Voluntad no quiere escatimar nada, todo quiere dar a quien le hace formar su
reino en su alma. Tú debes saber que así como tú, en mi Fiat encuentras presente la creación
de la Soberana Señora y la alabas como Reina, así Ella te encontraba a ti presente, en el mismo
Fiat Divino y oía tus alabanzas. La Mamá no quiere ser menos que la hija, y desde entonces te
ensalzaba a ti para honrar a aquel Querer Divino que debía poseerte, y para corresponderte por
tus alabanzas, cuántas veces llama al cielo, al sol, a los ángeles, y a todo a alabar a su pequeña
hija que quiere vivir en aquel Fiat que formó toda su gloria, su grandeza, belleza y felicidad”.
(4) Después seguía mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, cuando mi Querer Divino reina en el alma, Él toma la parte obrante y dirigente,
no hay cosa que ella haga, en que mi Querer Divino no ponga su acto primero para llamar a su
acto divino sobre el acto de la criatura; así que si piensa, ahí forma su primer pensamiento y
llama toda la santidad, la belleza, el orden de la inteligencia divina, y como la criatura no es
capaz, ni tiene vacío suficiente para recibir nuestra inteligencia, mi Fiat, cada vez que hace su
acto primero en la inteligencia de la criatura, con su potencia va ensanchando la capacidad de
ella para encerrar nueva inteligencia divina en la mente de la criatura. Por eso se puede decir
que mi Querer, donde reina, es el primero en respirar, el primero en latir, el primer acto de la
circulación de la sangre, para formar en la criatura su respiración divina, su latido de luz, y en la