en mi dolor diría: ‘Ni siquiera la pequeña hija de mi Querer conoce todo lo que he hecho y sufrido
para tener la correspondencia, aunque sea de su pequeño y repetido te amo y hacerle el don de
lo que me pertenece’. Entonces, cada cosa que tú conoces de Mí y amas como tuya, Yo te hago
don de ella, y haciendo fiesta digo: Tengo siempre qué dar a mi hija, y ella tiene siempre qué
recibir, por eso estaremos siempre juntos, porque estamos ocupados en el intercambio que
hacemos, Yo en dar y ella en recibir”.
(3) Después de esto seguía mi giro en todos los actos buenos hechos desde el principio de la
Creación por todas las criaturas, no excluido mi primer padre Adán, para ofrecerlos para obtener
el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha
dicho:
(4) “Hija mía, no hay cosa buena que no salga de mi Divina Voluntad, pero hay diferencia
entre actos y efectos de Ella. La Creación fue un acto de mi Fiat, y ¡oh! cuántas cosas bellas no
salieron, cielos, soles, estrellas, aire que debía servir para la vida natural de la criatura; mar,
viento, todo fue plenitud y multiplicidad de obras, porque un acto de mi Divina Voluntad es capaz
de llenar todo y de hacer todo. La creación del hombre fue un acto de Ella, ¿y qué cosa no
encerró en la pequeña circunferencia del hombre? Inteligencia, ojos, oídos, boca, palabra,
corazón, y hasta nuestra semejanza, por la cual lo hacíamos el portador de su Creador, ¿cuántos
prodigios no encierra? No sólo eso, sino le fue puesta toda la Creación en torno para servirlo,
como si un primer acto de nuestro Fiat hecho en la Creación quisiera servir al segundo acto
hecho al crear al hombre. Otro acto de nuestra Voluntad Divina fue la creación de la Virgen
Inmaculada, fueron tales y tantos los prodigios obrados en Ella, que Cielos y tierra quedaron
estupefactos, tanto que llegó a hacer descender al Verbo Divino sobre la tierra, lo que formó otro
acto de mi Fiat, el cual fue mi Encarnación, y tú sabes que fue portador de todos los bienes a la
familia humana. Todo el resto de los bienes que ha habido en medio de las criaturas, virtudes,
oraciones, obras buenas, milagros, son efectos de mi Querer Divino, los cuales obran según las
disposiciones de las criaturas, y por eso son siempre limitados, no con aquella plenitud que llena
Cielos y tierra. En cambio los actos de mi Fiat Divino son independientes de ellas, y por eso se
ve la gran diferencia entre actos y efectos. Y esto se ve muy bien también en el sol y entre los
efectos que él produce; el sol como acto está siempre fijo en su plenitud de luz, que con majestad
llena la tierra, jamás cesa de dar su luz y su calor, en cambio los efectos del sol, que se puede
decir que están a disposición de la tierra, son inconstantes, ahora se ve la tierra florida con la
variedad de tantos colores, y ahora se ve despojada y sin belleza, como si el sol no tuviese la
virtud comunicativa para comunicar siempre sus admirables efectos a la tierra, mientras que se
puede decir que la culpa es de la tierra. Al sol no le falta nunca nada, aquél de ayer, es hoy y
será. Ahora, cuando te veo girar aun en los efectos de mi Fiat Divino, como si no quisieras
perder nada, para encerrarlos en Él y darle los homenajes, el amor de los efectos que produce,
para pedirle que venga a reinar sobre la tierra, tú dispones a nuestro Querer a formar otro acto
de Él, porque tú debes saber que el Fiat Voluntas Tua come in Cielo cosí in Terra, será otro acto
de nuestro Fiat Supremo, no será un efecto, sino un acto, pero con tal magnificencia que todos
quedarán asombrados. Ahora, tú debes saber que el hombre fue creado por Nosotros con este
prodigio, que debía poseer en él nuestro acto continuo de Voluntad Divina; con rechazarla perdió
el acto y se quedó con los efectos, porque sabíamos que así como la tierra no puede vivir sin
tener al menos los efectos que produce el sol si no quiere vivir en la plenitud de su luz y de su
calor, así el hombre no podía vivir al menos sin los efectos de nuestra Divina Voluntad, ya que
había rechazado la Vida de Ella. Por lo tanto su reino no será otra cosa que llamar nuevamente
el acto continuo de nuestro Fiat Divino obrante en la criatura. Esta es la razón de mi largo hablar
sobre Él, no es otra cosa que el principio del acto continuo de mi Fiat Divino que no termina
jamás cuando quiere obrar en la criatura, y es tan múltiple en las obras, en la belleza, en la
gracia y en la luz, que no se ven los confines. Por eso sigue girando en todo lo que ha hecho y
produce mi Fiat Divino, no te canses jamás si quieres obtener un reino tan santo”.
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