(5) Después ha agregado: “Hija mía, así como los efectos son producidos por la sola y única
Voluntad mía, y obran según las disposiciones de la criatura, así los actos de nuestro Querer
Divino, independientes de ellas, son producidos por la unidad del acto único de nuestro Fiat
Divino. Así que en Nosotros es siempre uno nuestro acto, porque en Nosotros no hay sucesión
de actos, y si a la criatura le parece que ahora hacemos la Creación, ahora la Redención, y
ahora que queremos formar el reino de nuestra Divina Voluntad en medio de las criaturas, es la
manifestación que les hacemos de lo que posee nuestro solo y único acto, que mientras a ellos
les parece que hacemos y sacamos tantos actos distintos, para Nosotros todo estaba encerrado
en un solo acto. En la unidad de nuestro Querer Divino que encierra un solo acto, nada le puede
huir, encierra todo, hace todo, abraza todo y es siempre un solo acto. Así que, tanto los efectos
que produce nuestro Fiat, como los actos de Él, parten siempre de la unidad del solo y único
acto nuestro”.
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27-27
Enero 7, 1930
Intercambio de dones entre Dios y la criatura. Cómo quien
vive en el Querer Divino es el banco Divino sobre la
tierra y forma un resplandor de Cielo.
(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Supremo, y pensaba entre mí qué cosa podría dar
a mi amado Jesús, y Él rápidamente: “Tu voluntad”. Y yo: “Amor mío, ya te la di, y habiéndola
dado creo que no soy más dueña de dártela, ya que es tuya”. Y Jesús:
(2) “Hija mía, cada vez que tú quieras hacerme el don de tu querer, Yo lo acepto como un
nuevo don, porque Yo dejo la voluntad humana en su libre albedrío, de modo que la criatura
puede estar en acto de dármela siempre, y Yo tantas veces la acepto por cuantas veces me la
da, porque ella tantas veces se sacrifica por cuantas veces me hace el don, y Yo al ver que la
criatura es constante en hacerme su don continuado, veo que hay verdadera decisión por parte
suya, y ama y estima el don de mi Voluntad, y Yo, conforme ella me hace el don continuo de la
suya, le hago el don continuo de la mía, y ensanchando su capacidad, porque la criatura es
incapaz de tomar toda la interminabilidad de mi Querer, voy aumentando continuamente más
santidad, más amor, más belleza, más luz y más conocimiento de mi Divina Voluntad. Así que
en el intercambio que hacemos, tú de tu voluntad y Yo de la mía, duplicamos los dones, y queda
tantas veces vinculada por cuantas veces hacemos el intercambio. Así que Yo tengo siempre
qué darte, y tú también, porque en mi Divina Voluntad las cosas no terminan jamás, surgen a
cada instante, y habiéndome dado tu voluntad, al contacto de la mía la tuya adquiriere las
prerrogativas de la mía, de poderse dar continuamente a tu Jesús”.
(3) Después seguía los actos del Fiat Divino, acompañándolos con mi “te amo”, y comprendía
la gran diversidad de la grandeza y magnificencia de las obras del Fiat Divino, y de mi pequeño
“te amo”, ¡oh! cómo me sentía pequeña y verdaderamente recién nacida apenas ante aquel Fiat
que todo puede y todo abraza; y mi amable Jesús, estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(4) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad es mi banco sobre la tierra, y conforme dices
tu ‘te amo’ Yo lo invisto con el mío, y de pequeño se vuelve grande, se difunde en el infinito, de
modo que las riquezas de mi amor se vuelven inmensurables, y Yo las pongo en el banco de tu
alma, y conforme continúas tus actos, así los invisto con los míos y los pongo en tu banco para
tener mi banco divino sobre la tierra. Por eso tus pequeños actos hechos en mi Querer Divino
me sirven para darme qué hacer, para hacer correr nuestras cualidades divinas que son infinitas
en tus pequeños actos que son finitos, mezclarlos juntos y hacer de ellos tantos actos nuestros
y ponerlos en el banco de tu alma, a fin de que nuestro Querer encuentre en ti su Cielo. ¿No