nuestra palabra es portadora de vida, ¿no fue acaso nuestra palabra Fiat la que pronunciándose
creó el cielo, el sol y todo lo que se ve en el universo entero, y también la misma vida del hombre?
Mientras no pronunciamos Fiat todo estaba en Nosotros; en cuanto se pronunció pobló cielos y
tierra de tantas obras bellas y dignas de Nosotros, y daba principio a la larga generación de
vidas humanas. Mira entonces que todo lo que te digo acerca de mi Divina Voluntad llevará con
la potencia de mi palabra creadora sus tantos renacimientos hechos en Mí en medio a la familia
humana. Esta es la gran razón de una historia tan larga y de mi hablar tan continuado, Ella
estará equilibrada con todo lo que fue hecho por Nosotros en la Creación y con todo lo que hice
en la Redención; y si parece que alguna vez hago silencio, no es porque haya cesado mi decir,
sino porque hago reposo, pues es mi costumbre reposarme en mi misma palabra y obras que
salen de Mí, como hice en la Creación, no siempre se pronunció, decía Fiat y hacía un alto y
después lo pronunciaba de nuevo; así hago en ti, hablo, te doy mi lección y tomo reposo, primero
para gozarme en ti los efectos de mi palabra y para disponerte a recibir la nueva vida de mi
lección. Por eso sé atenta y tu vuelo en mi Divina Voluntad sea continuo”.
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27-25
Diciembre 29, 1929
Cómo Jesús al descender del Cielo a la tierra formó el nuevo
Edén. Cómo la Divina Voluntad ha sido siempre Reina.
(1) Mi pequeña inteligencia me la sentía raptar y como transportar a mirar en el regazo de mi
Mamá Celestial a mi pequeño recién nacido Jesús, que ahora llora y ahora gime, y ahora todo
entumecido tiembla de frío, y ¡oh! cómo quisiera mi pequeña alma deshacerse en amor para
calentarlo y para calmarle el llanto, pero mi celestial y gracioso niño llamándome junto con Él en
los brazos de su Mamá me ha dicho:
(2) “Mi hija del Divino Querer, ven a escuchar mis lecciones. Al descender del Cielo a la tierra
para formar la Redención, debía formar el nuevo Edén, debía restablecer el primer acto y el
principio de la creación del hombre en mi Humanidad. Así que Belén fue el primer Edén; Yo
sentía en mi pequeña Humanidad toda la fuerza de nuestra potencia creadora, el arrebato de
nuestro amor con el cual fue creado el hombre, sentía las fibras de su inocencia, de su santidad,
de su dominio, con las cuales él estaba investido. Sentía en Mí a aquel hombre feliz, ¡oh, cómo
lo amaba! Porque habiendo perdido su puesto de honor, Yo retomaba su puesto, porque me
convenía primero poner en Mí el orden del cómo fue creado el hombre, y después descender
en su desventura para levantarlo y ponerlo a salvo. Por eso estaban en Mí dos actos
continuados, fundidos en uno, el Edén feliz con el cual debía poner en vigor toda la belleza, la
santidad, la sublimidad de la creación del hombre; era él inocente y santo, y Yo sobrepasándolo
no sólo era inocente y santo, sino era el Verbo Eterno, y teniendo en Mí toda la potencia posible
e imaginable, y Voluntad inmutable, debía reordenar todo el principio de la creación del hombre
y levantar nuevamente al hombre caído, de otra manera no obraría como Dios, ni lo amaría
como obra nuestra salida y creada en un arrebato de nuestro amor. Nuestro amor se sentiría
detenido y como impotente, lo que no puede ser, si no hubiera ajustado toda la condición del
hombre caído y la condición del cómo fue creado. Habría sido una afrenta a nuestra Creación
y nos habrían acusado de debilidad si no hubiésemos regenerado del todo al hombre. Por eso
Belén fue mi primer Edén, en el cual hacía y abrazaba todos los actos que hizo Adán inocente
y que habría hecho si no hubiese caído; nuestra Divinidad esperaba con justicia mi
correspondencia en lugar de él, y conforme iba rehaciendo lo que debería haber hecho el Adán
inocente, así me abajaba y extendía la mano para levantarlo. Entonces mi Humanidad no hacía
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