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Diciembre 25, 1929
Cómo el nacimiento de Jesús fue el renacimiento de la Divina
Voluntad en su Humanidad, y todo lo que hizo eran renacimientos
de Ella, formados en Él para hacerla renacer en las criaturas.
Jesús fue el verdadero sacrificado de su Querer.
(1) Estaba pensando en cuando mi dulcísimo Jesús niño penando de amor salía del seno de
su Mamá Celestial, ¡qué alegría para Ella el poderlo estrechar entre sus brazos, besarlo y
ponerse en competencia en amar a Aquél que tanto la amaba! Pero mientras tantos
pensamientos se agolpaban en mi mente acerca del santo nacimiento del infante divino, lo he
sentido moverse en mi interior, y saliendo fuera se ha puesto entre mis brazos y poniendo sus
pequeñas manitas en mi cuello me ha dicho:
(2) “Hija mía, también tú bésame y estréchame, y Yo te beso y te estrecho a Mí, y amémonos
con tal competencia de amor de no terminarla jamás”.
(3) Y abandonándose en mis brazos como pequeño niño ha guardado silencio. ¿Pero quién
puede decir los abrazos de amor, los besos afectuosos? Creo que es mejor pasarlo en silencio.
Después, retomando la palabra ha agregado:
(4) “Hija mía, mi nacimiento en el tiempo fue el renacimiento de mi Divina Voluntad en mi
Humanidad, y como renacía en Mí, traía la alegre nueva del renacimiento en las humanas
generaciones. Mi Fiat es eterno, pero se puede decir como si naciera en Adán para formar la
larga generación de su renacimiento en la criatura, pero como Adán rechazó esta Voluntad
Divina, con rechazarla impidió los tantos renacimientos que debía hacer en cada criatura, y con
amor constante e invencible esperó a mi Humanidad para renacer de nuevo en medio de la
humana familia. Por eso todo lo que Yo hice en todo el curso de mi Vida, las lágrimas infantiles,
mis gemidos y sollozos, no eran otra cosa que renacimientos de mi Divina Voluntad que eran
formados en Mí para hacerla renacer en las criaturas, porque habiendo renacido en Mí, y
poseyéndola como mía, tenía el derecho y el poder de darla y hacerla renacer en la criatura.
Así que todo lo que hacía mi Humanidad: Pasos, obras, palabras, penas, aun mi respiro y mi
misma muerte, formaban tantos renacimientos de mi Divina Voluntad por cuantas criaturas
habrían tenido el bien del renacimiento de mi Fiat Divino. Siendo Yo la cabeza de la familia
humana, y ella mis miembros, Yo como cabeza llamaba con mis actos a los tantos renacimientos
de mi Querer Divino en Mí, para hacerlos pasar a renacer en mis miembros de las criaturas. Por
eso en cada acto que Yo hice, aun mi misma Vida Sacramental, cada una de las Hostias
consagradas son continuos renacimientos de mi Supremo Querer que prepara a la criatura. Por
tanto Yo soy el verdadero sacrificador 41 de una causa tan santa, que mi Querer reine. Soy
propiamente Yo el que formé en Mí su reino, y haciéndolo renacer tantas veces en Mí por en
cuantas criaturas debía renacer, formaba su imperio santísimo y su reinar en medio a mis
miembros.
(5) Ahora hija mía, después que puse al seguro el reino de mi Divina Voluntad en mi
Humanidad, debía manifestarlo para hacerlo conocer, por eso vine a ti y comencé a narrarte la
larga historia de mi Fiat Divino. Ahora tú debes saber que tantas manifestaciones he hecho y
haré, tantas verdades, tantas palabras he dicho, por cuantos renacimientos Ella hizo en mi
Humanidad; estarán en perfecto equilibrio sus renacimientos en Mí y sus conocimientos que te
manifiesto; cada renacimiento de mi Querer Divino hecho en Mí y en cada hostia consagrada,
encontrará una manifestación y una verdad suya que la confirma, y le dará el renacimiento en
la criatura, porque en Dios la palabra forma la vida del bien que quiere formar en la criatura,
41 Sacrificador en el sentido del que ofrece algo material a Dios con la mira de realizar un ideal.
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