(4) “Hija mía, cómo me es dulce y agradable la compañía de la criatura, pues fue por ella que
descendí del Cielo a la tierra, para encontrarla y para hacerla mía, así que teniéndola en mi
compañía me siento como compensado por mi descendimiento a la tierra. Pero debes saber
que si estoy contento con la simple compañía de la criatura que me ama y busca romper mi
soledad, no estoy contento sólo con la compañía de quien vive en mi Querer Divino, la quiero
siempre junto Conmigo, como espectadora de mis lágrimas infantiles, de mis gemidos, de mis
sollozos, penas, obras y pasos míos, y también de mis alegrías, porque quiero hacer depósito
de todo esto en ella. Porque estando mi Voluntad en ella, me sería demasiado duro si no la
tuviere siempre junto Conmigo, hacerla estar al día de todo. Mi Divina Voluntad siente la
irresistible necesidad de participar a la criatura todo lo que hace en mi Humanidad, a fin de que
no sea una Voluntad dividida la que reina en Mí y la que reina en la criatura. Esta es la causa
por la que en cada acto mío te llamo y quiero que conozcas lo que he hecho y lo que hago, para
hacerte don de ello y poder decir: Quien vive en mi Querer Divino no me deja jamás, estamos
estrechados y somos inseparables”.
(5) Y yo: “Amor mío, tu carrera de amor no se detiene jamás, corres, corres siempre, y yo me
siento que no soy capaz de hacer mis carreras de amor como las haces Tú, soy demasiado
pequeña y no tengo el vuelo de correr dondequiera para amarte”. Y mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, también tú puedes hacer las carreras de amor en el mar inmenso de mi Divina
Voluntad, harás como hace la nave, cuando quiere navegar el mar ella se arroja en el mar, las
aguas se abren, le dan el paso y mientras camina veloz, deja atrás de sí una estela blanca como
señal de que la nave pasó por aquel punto de mar, que después poco a poco se desvanece y
nada queda que señale que la nave pasó, pero a pesar de esto la nave ha hecho su carrera en
el mar, y ha llegado a donde se había prefijado ir. Así el alma, si quiere amar se arrojará en el
mar de mi Fiat Divino y formará su carrera de amor, girará toda la eternidad y no hará como la
nave, que nada queda en el mar porque pasó, sino que orgullosas las aguas se cierran detrás
no dejando ninguna huella de que la nave pasó, sino que en el mar de mi Querer Divino,
conforme el alma se arroja para hacer su carrera, nuestras aguas divinas regurgitan y en su
gorgoteo forman la estela, la cual no se desvanece sino que queda la huella y señala a todos su
carrera de amor hecha en nuestro mar, en modo que Nosotros podemos decir: ‘Por aquí pasó
e hizo su carrera de amor quien vive en nuestro Querer, porque lo que se hace en Él queda
imborrable’. Así si quieres hacer tus adoraciones, si quieres embellecerte, si quieres santificarte,
si quieres ser potente, sabia, arrójate en nuestro Querer y mientras harás tu carrera quedarás
toda amor, toda bella, toda santa, adquirirás la ciencia, conocerás quién es tu Creador, y todos
tus movimientos serán adoraciones profundas y dejarás en nuestro mar tantas estelas por
cuantas diversas carreras has hecho en el Fiat Divino, de modo que Nosotros diremos: ‘En esta
carrera que hizo en nuestro mar la pequeña hija de nuestro Querer Divino, formó la estela de la
santidad, y Nosotros la santificamos y ella quedó santa; en esta otra carrera se arrojó en el mar
de nuestra belleza y formó su estela, y Nosotros la embellecimos y ella quedó embellecida; en
esta otra carrera formó la estela de nuestros conocimientos, y ella nos conoció y Nosotros le
hablamos y nos hicimos conocer, y le hablamos largamente de nuestro Ser Divino, nuestra
palabra la ató, la ensimismó con Nosotros, y sentimos la irresistible necesidad de hacernos
conocer siempre más, y de hacerle el don más grande el de manifestarle nuestras verdades.
Así que en cada carrera que haces en nuestro Fiat Supremo, tomas siempre de lo nuestro, y
nuestro amor desbordando nos habla de ti y nos señala tus carreras con su gorgoteo, como
señal de que tú has estado en nuestro mar divino”.
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