3-63
Abril 23, 1900
La resignación es aceite que unge.
(1) Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma, veía a mi dulce Jesús que sufría mucho,
y le he pedido que me diera parte de sus penas, y Él me ha dicho:
(2) “También tú sufres, mejor Yo me pongo en tu lugar y tú me haces el oficio de enfermera”.
(3) Entonces parecía que Jesús se metía en mi cama, y yo a su lado comenzaba a examinarle
la cabeza, y una a una le he quitado las espinas que estaban clavadas. Después he seguido
con su cuerpo y he recorrido todas sus llagas, les secaba la sangre, las besaba, pero no tenía
con qué ungirlas para mitigar el dolor, entonces vi que de mí salía un aceite y yo lo tomaba y
ungía las llagas de Jesús, pero con cierto temor porque no comprendía qué cosa significaba
aquel aceite que salía de mí. Pero Jesús bendito me ha hecho entender que la resignación al
Querer Divino es aceite, que mientras unge y mitiga nuestras penas, al mismo tiempo es aceite
que unge y mitiga el dolor de las llagas de Jesús. Entonces, después de haber estado por un
buen tiempo haciendo este oficio a mi amado Jesús, ha desaparecido y yo he regresado en mí
misma.
+ + + +
3-64
Abril 24, 1900
La Eucaristía y el sufrimiento.
(1) Esta mañana, habiendo recibido la comunión me parecía que el confesor ponía la intención
de hacerme sufrir la crucifixión, y al instante he visto al ángel custodio que me extendía sobre la
cruz para hacérmela sufrir. Después de esto he visto a mi dulce Jesús que me compadecía toda
y me ha dicho:
(2) “Tu refrigerio soy Yo, mi refrigerio es tu sufrir”.
(3) Y mostraba un contento indecible por mi sufrir y por el confesor, porque con la obediencia
que me había dado de sufrir le había procurado aquel alivio, después ha agregado:
(4) “Como el sacramento de la Eucaristía es fruto de la cruz, por eso me siento más dispuesto
a concederte el sufrir cuando recibes mi cuerpo, porque viéndote sufrir, me parece que no
místicamente, sino realmente continúo en ti mi Pasión en provecho de las almas, y esto es para
Mí un gran alivio, porque recojo el verdadero fruto de mi cruz y de la Eucaristía”.
(5) Después de esto ha dicho: “Hasta ahora ha sido la obediencia quien te ha hecho sufrir,
¿quieres tú que me divierta Yo un poco con renovarte de nuevo la crucifixión con mis propias
manos?”
(6) Y yo, si bien me sentía muy sufriente y aun frescos los dolores de la cruz participados, he
dicho: “Señor, estoy en tus manos, haz de mí lo que quieras”.
(7) Entonces Jesús todo contento ha comenzado a clavarme de nuevo los calvos en las manos
y en los pies, sentía tal intensidad de dolor, que yo misma no sé como he quedado viva, sin
embargo estaba contenta porque contentaba a Jesús. Después de que remachó los clavos,
poniéndose junto a mí empezó a decir:
(8) “¡Cómo eres bella! ¡Pero cuánto más crece tu belleza con tu sufrir! ¡Oh, cómo me eres
amada, mis ojos quedan heridos al verte, porque descubren en ti mi misma imagen!”
(9) Y decía tantas otras cosas que sería inútil decirlas, primero porque soy mala, y segundo
porque no viéndome como el Señor me dice, siento una confusión y una vergüenza al decir
167 sig