(6) “Hija mía, tú debes saber a dónde me conduce el exceso de mi amor; al descender del
Cielo a la tierra me condujo dentro de una prisión estrechísima y oscura, cual fue el seno de mi
Mamá, pero mi amor no estuvo contento, en esta misma prisión me formó otra cárcel, cual fue
mi Humanidad, que encarceló a mi Divinidad; la primera cárcel me duró nueve meses, la
segunda cárcel, la de mi Humanidad, me duró treinta y tres años. Pero mi amor no se detuvo,
ya casi para terminar la cárcel de mi Humanidad, me formó la cárcel de la Eucaristía, la más
pequeña de las cárceles, una pequeña hostia en la cual mi amor encarceló mi Humanidad y
Divinidad, en la cual debía contentarme con estarme como muerto, sin hacer sentir ni respiro, ni
movimiento, ni latido, y no por pocos años, sino hasta la consumación de los siglos. Así que fui
de cárcel en cárcel, estas son inseparables de Mí, por eso puedo llamarme el Divino
encarcelado, el Celestial prisionero. En las dos primeras cárceles, en la intensidad de mi amor
maduré el reino de la Redención; en la tercera cárcel, la de la Eucaristía, estoy madurando el
reino de mi Fiat Divino. Por eso te llamé a ti a la cárcel de tu cama, a fin de que juntos,
prisioneros los dos, en nuestra soledad, poniéndonos de acuerdo, podamos hacer madurar el
bien del reino de mi Querer. Si me era necesaria una Mamá para la Redención, así también
necesito una mamá para el reino de mi Fiat, y mi amor exigente ha querido a esta madre
encarcelada, para tenerla a mi disposición. Por eso Yo seré tu prisionero no sólo en la pequeña
hostia, sino también en tu corazón, y tú serás mi amada prisionera toda atenta a escucharme y
a romper la soledad de mi larga prisión. Y a pesar de que estemos prisioneros, seremos felices,
porque maduraremos el reino de la Divina Voluntad para darlo a las criaturas”.
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27-23
Diciembre 24, 1929
Cuando Jesús habla de sus verdades hace salir luz. Las verdades leídas
y releídas son como el fierro forjado. Carrera en la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús, con tanta bondad se benigna decir a mi
pobre alma, y que releyéndolas en las circunstancias, hacen salir luz, y mi siempre amable Jesús
me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando Yo hablo hago salir luz de verdad, y quiero que sea aceptada y
acariciada por el alma; si esta Luz es aceptada y puesta en el puesto de honor en el interior de
ella, llama a otra luz, así que una llama a otra, de otra manera regresa a su fuente. Y cuando el
alma vuelve a leerlas si están escritas, y a ponderarlas, mis verdades son como el fierro forjado,
que con golpearlo se incendia y hace salir chispas de luz; en cambio, si no es golpeado, el fierro
es duro, negro y un metal helado. Así es de mis verdades: ‘Si el alma las lee y relee para
extraer de ellas la sustancia que hay dentro, mis verdades que han sido comunicadas a su alma,
que simboliza el fierro, lo negro y su hielo, queda incendiada, y con el ponderarlas da los golpes
sobre de sí misma, porque ha recibido el bien de oír mi verdad, la cual sintiéndose honrada
centellea luz de otras verdades. Pero si mis verdades manifestadas son puestas en el olvido, y
no son puestas en un puesto de honor, quedan como sepultadas, pero los vivos no se sepultan,
porque ellas son luz, que poseen y llevan vida, por eso, vendrá el tiempo, porque ellas no están
sujetas a morir, en que otros harán tesoro de ellas y condenarán a aquellos que las han tenido
olvidadas y como sepultadas. Si tú supieras cuánta luz hay en todo lo que te he manifestado
acerca de mi Divina Voluntad, y cuánta más luz resplandecería si fueran leídas y releídas, tú
misma quedarías eclipsada y maravillada por el gran bien que harían”.
(3) Después seguía mis actos en el Querer Divino, y pensando en la soledad de Jesús en el
seno de su Mamá, Él ha agregado:
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