seno de mi Mamá me los dona nuevamente, ¿pero estoy seguro que no huirán? ¿Serán míos
para siempre? ¡Oh, cómo sería feliz si no me huyera ninguno; sus penas me serían refrigerio si
todos mis amados hijos, mi amado parto concebido en mi pequeña Humanidad estuviese al
seguro; y llorando y sollozando miraba a la cara a cada uno para enternecerlos con mis lágrimas
y repetía: ‘Amados hijos, no me dejen, no se alejen más de Mí, soy vuestro Padre, no me
abandonen, ¡ah! reconózcanme, al menos tengan compasión del fuego que me devora, de mis
lágrimas ardientes, y todo por causa vuestra, porque os amo demasiado, os amo como Dios, os
amo como Padre apasionado, os amo como Vida mía’. ¿Pero sabes tú pequeña hija de mi
Querer Divino, cuál fue el interés más grande de mi amor? Devorar en las criaturas su voluntad
humana, porque es el origen de todos los males, y a pesar de todas sus llamas devoradoras,
esta voluntad formaba nubes para no dejarse quemar. ¡Oh, lo que más me torturaba era la
voluntad humana que no sólo formaba nubes, sino formaba las escenas más dolorosas en mi
misma Humanidad. Por eso ruega que mi Divina Voluntad sea conocida y reine, y entonces me
podrás llamar el Jesús feliz, de otra manera mis lágrimas no cesarán, tendré siempre que llorar
la suerte de la pobre humanidad, porque yace bajo la opresión de su mísera voluntad”.
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27-22
Diciembre 22, 1929
Cómo las obras más grandes no se pueden hacer estando solo,
morirían al nacer. Las tres cárceles de Jesús. Las dos mamás.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y mi tierno Jesús se hacía ver como pequeño niño
en mi corazón, o en el seno de la Mamá Celestial, pero muy pequeño y con una belleza raptora,
todo amor, con su rostro bañado en lágrimas, y llora porque quiere ser amado, y sollozando
dice:
(2) “¡Ah! ¿Por qué no soy amado? Yo quiero renovar en las almas todo el amor que tuve al
encarnarme, pero no encuentro a quién darlo. Al encarnarme encontré a mi Reina Mamá que
me daba campo para desahogar mi amor y para recibir en su corazón materno todo el amor que
me rechazaban las criaturas. ¡Ah, era Ella la depositaria de mi amor rechazado, la dulce
compañía de mis penas, su amor ardiente era el que me enjugaba las lágrimas! Las obras más
grandes no se pueden hacer por alguien solo, sino que se necesitan al menos dos o tres, como
depositarios y alimento de la misma obra, sin alimento las obras no pueden tener vida, hay
peligro de que mueran al nacer. Tan es verdad, que en la Creación estuvimos las Tres Divinas
Personas al crearla, y después hicimos al hombre como depositario de nuestra obra; pero no
contentos, porque las obras por sí solas no llevan felicidad, le dimos la compañía de la mujer.
En la Encarnación, las Tres Divinas Personas fueron concurrentes y en mi compañía, más bien
inseparables de Mí, con el agregado de la Reina Celestial, y fue Ella la Divina depositaria de
todos los bienes de la Encarnación. Mira entonces cómo me es necesaria, para formar mis
obras, la compañía de la criatura, que se ponga a mi disposición para recibir el gran bien que
quiero darle. Por eso, ¿quieres tú ser mi segunda mamá? ¿Quieres tú recibir el gran bien de la
renovación de mi Encarnación, como dote del reino de mi Fiat Divino? Así tendré dos mamás,
la primera que me hizo formar el reino de la Redención, la segunda que me hará formar el reino
de mi Divina Voluntad”.
(3) Y poniendo sus pequeñas manitas sobre mi cara, acariciándome me decía:
(4) “¡Mi mamá, mi mamá! El amor materno supera todos los amores, así que tú me amarás
con amor de madre insuperable”.
(5) Después de esto ha hecho silencio queriendo ser arrullado en mis brazos, y después ha
continuado: