que se decida a salir en su campo divino de acción, su acto posee perfecto equilibrio entre el
uno y el otro, y contiene el mismo valor, peso y medida. Mi Divina Voluntad al salir en su campo
de acción en la Creación, hizo alarde de tanta magnificencia de obras, tanto que el mismo
hombre es incapaz de numerarlas todas y de comprender el justo valor de cada obra, y a pesar
de que las ve, las toca y goza sus benéficos efectos, también se puede llamar el primer ignorante
de la Creación. ¿Quién puede decir cuánta luz y calor contiene el sol? ¿Cuántos efectos
produce y de qué cosa está formada esta luz? Ninguno. No obstante todos lo ven y sienten su
calor, y así de todas las otras cosas. Ahora, mi Redención se da la mano con la Creación, y
posee tantos actos por cuantos posee la Creación, están en perfecto equilibrio la una y la otra,
porque un acto de mi Divina Voluntad fue la Creación, y un acto de Ella fue la Redención. Ahora,
debiendo hacer otro acto en el gran Fiat Voluntas Tua como en el Cielo en la tierra, están
preparados en mi Fiat Divino tantos otros actos, de modo que tendrán el triple equilibrio de actos,
el mismo valor, peso y medida. Y viéndome obligado a esperar, y sintiendo en Mí la multiplicidad
de los actos que quiero hacer, y no haciéndolos porque el reino de mi Fiat no es conocido, ni
reina sobre la tierra, siento tal cansancio que doy en delirio y digo: ‘¿Será posible que no quieran
recibir mis bienes?’ Y quedo afligido porque mis actos, la Potencia de mi Divino Querer, su luz,
su felicidad y belleza no se hermanan con las criaturas y no corren en medio a ellas. Por eso,
compadéceme si me ves y me oyes taciturno, es tanto el cansancio que siento por tanto esperar,
que me reduce al silencio”.
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27-20
Diciembre 16, 1929
Jesús de nada tenía necesidad, poseyendo en Sí mismo la
fuerza creadora de todos los bienes. Cómo el Divino Querer
es portador de todas las cosas creadas. La virtud generadora.
(1) Estaba siguiendo mi giro en el Fiat Divino para unirme a todos los actos hechos por Él por
amor de todos nosotros, sus criaturas; pero habiendo llegado al punto donde mi amable Jesús
descendió en lo bajo de los actos humanos, como el mamar la leche de su Mamá, y tomar el
alimento, el beber el agua, y abajarse hasta el trabajo, yo me admiraba al ver que Jesús, por su
naturaleza no tenía necesidad de nada, porque poseyendo en Sí mismo la fuerza creadora de
todos los bienes, no debía hacer menos que servirse de sus mismas cosas creadas por Él; pero
mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver y oír en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú tienes razón que de nada tenía necesidad; pero mi amor habiendo descendido
de la altura de los Cielos a lo bajo de la tierra, no sabía estar quieto ni detenido, sentía la
irresistible necesidad de sacar mi amor, y de amar en aquellos mismos actos que la criatura
hacía por necesidad; Yo los hacía para hacer correr mi amor hacia ellos, y así poderle decir:
‘Mira cuánto te he amado, he querido descender en tus más pequeños actos, en tus
necesidades, en tu trabajo, en todo, para decirte que te amo, darte mi amor y recibir tu amor’.
Pero, ¿quieres saber la causa primaria por la que me abajé a hacer tantos actos bajos y
humanos? La necesidad en Mí no existía, pero lo hacía para cumplir en cada acto la Divina
Voluntad; todas las cosas se presentaban ante Mí tal como eran en sí mismas, de donde habían
salido, selladas por el Fiat Divino, y Yo las tomaba porque eran queridas por Él. Se puede decir
que había una competencia entre mi Divina Voluntad que por naturaleza, como Verbo del Padre
Celestial poseía en Mí, y entre mi misma Divina Voluntad esparcida en todo lo creado. Así que
en todas las cosas Yo no conocía, ni veía otra cosa que mi Divina Voluntad, era Ella mi alimento,
mi agua, mi trabajo, todo me desaparecía y era siempre con mi Divina Voluntad con la que tenía
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