Divino es sol, está en lo alto, la tierra no tiene nada que hacer con ella, ni tiene necesidad de
agua para alimentar su luz; su alimento lo toma directamente de Dios, y en su movimiento de
luz continuo produce y alimenta todas las virtudes en modo divino; las satisfacciones humanas,
aun santas, la vanagloria, la estima propia, han perdido el camino, no tienen razón de existir,
porque sienten a lo vivo la Voluntad Divina que todo hace en ellos y reconocen que este Sol
Divino, abajándose, habita en ellos y alimentándolos con su luz los hace sufrir su transformación
para formar una sola luz con este Fiat Divino. Además de esto, su luz tiene virtud de eclipsar
dulcemente el querer humano, porque está vetado el que aun un átomo de tierra entre en mi
Querer Divino, son naturalezas contrarias, luz y tierra, tinieblas y luz; se puede decir que se
rechazan mutuamente, ni la luz puede soportar un solo átomo de tierra y por eso la eclipsa, le
sirve de centinela, de defensa para que todo se vuelva Voluntad Divina en la criatura, y así como
el sol todo da a la tierra, pero nada recibe, y es causa primaria de sus bellas florituras, así quien
funda su vida, su santidad en mi Querer, junto con Él son los alimentadores de la santidad
fundada en las virtudes”.
(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino para encontrar todos los actos
de las criaturas pasadas, presentes y futuras, para pedir a nombre de todos el reino de la Divina
Voluntad, pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, todo lo que de bueno ha sido hecho desde el principio del mundo fuera de mi
Divina Voluntad, son pequeñas luces, como efectos de mi Fiat Divino, porque a pesar de que no
han obrado dentro de Él, conforme las criaturas se disponían a hacer el bien, sus rayos se fijaban
sobre ellos, y a sus reflejos se formaba la pequeña llamita en sus almas, porque siendo mi
Querer luz eterna e inmensa, no sabe producir más que luz. Estas llamitas, como efectos de Él,
están en torno al Sol de mi Divina Voluntad como honor y gloria de sus efectos y como frutos
del buen obrar de las criaturas, porque conforme ellas quieren hacer el bien, así sus rayos se
fijan sobre ellas y da los efectos del bien que quieren hacer, se puede decir más que sol, que en
cuanto encuentra la buena semilla en la tierra, su luz la calienta, la acaricia y le comunica los
efectos para formar la planta de aquella semilla. No hay bien sin mi Querer; así como no hay
color, dulzura, madurez, sin los efectos de la luz del sol, así no puede haber bien sin Él. ¿Pero
quién puede formar el sol con sus actos? Quien vive en mi Divina Voluntad, Ella no fija sólo sus
rayos sobre esta criatura, sino que hace descender todo su Sol y con su virtud creadora y
vivificadora forma otro Sol en el acto de la criatura. ¿Ves entonces la gran diferencia que hay?
Como entre plantas y sol, como entre sol y llamitas”.
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27-19
Diciembre 10, 1929
Perfecto equilibrio de Dios en sus obras. Triple equilibrio.
(1) Me sentía toda abandonada en la Divina Voluntad, y al seguir haciendo mis actos en Ella,
he oído una voz que me susurraba al oído: “¡Cómo estoy cansado!” Yo me he sentido sacudida
por esta voz y quería saber quién era el que estaba cansado, y mi dulce Jesús moviéndose y
haciéndose oír en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, soy propiamente Yo, que siento todo el peso de tanto esperar, y me produce tal
cansancio, de sentir todo el peso de querer hacer el bien, y por indisposición de quien lo debe
recibir no poderlo hacer. ¡Oh! cómo es duro querer hacer el bien, tenerlo preparado y listo para
darlo, y no encontrar quien lo reciba.
(3) Ahora tú debes saber que mi Fiat cuando se pone en actitud de obrar, tiene la misma
potencia, sabiduría, inmensidad y multiplicidad de efectos que produce su único acto; sólo con