este era el verdadero orden de la Creación: Encontrar en el hombre, en cada acto suyo, a su
Creador, para poderle dar su luz y lo que había establecido darle. Nuestra Divina Voluntad que
estaba en Nosotros y en él, se hacía portadora del uno y del otro, y formando en él el pleno día,
ponía en común los bienes del Uno y del otro. ¡Cómo eran felices las condiciones del hombre
cuando nuestro Fiat Divino reinaba en él, se puede decir que crecía sobre nuestras rodillas,
adherido a nuestro pecho, de donde tomaba su crecimiento y su formación! He aquí por qué
quiero que en mi Querer Divino cada acto de criatura tenga tu te amo, para llamar nuevamente
el orden entre Creador y criatura, porque tú debes saber que el hombre con el pecar no sólo
rechazó nuestro Fiat, sino que rompió el amor hacia Aquél que tanto lo había amado, se puso a
distancia con su Creador, y el amor lejano no puede formar vida, porque el verdadero amor
siente la necesidad de ser alimentado por el amor de Aquél que ama y de estarse de tal forma
cercano que le resulta imposible el separarse. Así que la vida del amor creado por Nosotros al
crear al hombre, quedó sin alimento y casi muriendo; mucho más que cada acto humano que
hacía sin nuestra Voluntad Divina, eran tantas noches que formaba en su alma: si pensaba era
noche que formaba, si miraba, hablaba y otras cosas más, todo era tinieblas que formaban una
noche oscura. Sin mi Fiat no puede haber día, ni sol, a lo más alguna pequeña llamita que
trabajosamente le alumbra el paso. ¡Oh! si supieran qué significa vivir sin mi Querer Divino,
aunque no fuesen malos y hagan algún bien; la voluntad humana es siempre noche para el
alma, que la oprime, la amarga, le hace sentir el peso de la vida. Por eso sé atenta, no dejes
escapar nada que no entre en mi Fiat Divino, el cual te hará sentir el pleno día que te restituirá
el orden de la Creación, llamará nuevamente la armonía que pondrá en vigor el dar continuo de
tus actos y el recibir continuado de tu Creador, y abrazando a toda la familia humana podrás
impetrar que regrese el orden del como fueron creadas, que cese la noche de la voluntad
humana y surja el pleno día de mi Divina Voluntad”.
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27-18
Diciembre 3, 1929
Diferencia entre la santidad fundada en las
virtudes y la fundada en la Voluntad Divina.
(1) Mi pequeña mente se perdía en el Fiat Supremo y pensaba entre mí: “¿Cuál será la
diferencia que hay entre quien ha fundado su santidad en las virtudes y entre quien la ha fundado
sólo en el Querer Divino?” Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior, suspirando me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¡si supieras qué diferencia hay! Escucha, y además tú lo sabes, la tierra florida
es bella, la variedad de las plantas, de las flores, de los frutos, de los árboles, la diversidad de
los colores, de las dulzuras, de los gustos, todo es bello, pero, ¿sabrías encontrar una planta,
una flor, aunque sea de las más preciosas, que no esté circundada de tierra, la cual tiene a cada
raíz en su regazo, pegada a su pecho para alimentarla? Se puede decir que al hombre le resulta
imposible tener una planta si no la confía a su madre tierra. Tal es la santidad fundada en las
virtudes, la tierra humana debe poner de lo suyo, cuántas satisfacciones humanas en las obras
más santas, en las virtudes que practican; la tierra de la estima, de la gloria humana corre
siempre y ahí forma su pequeño lugarcito, de modo que se ven las virtudes como tantas bellas
flores perfumadas, de color tan vivo, que despiertan admiración, pero a su alrededor, en la parte
de abajo, hay siempre un poco de tierra humana, así que la santidad fundada en las virtudes se
puede llamar tierra florida, y según las virtudes que practican, quién forma la flor, quién la planta,
quién el árbol, y tienen necesidad de agua que las riegue y de sol que las fecunde y les
comunique los diversos efectos que a cada una requiere, cual es mi Gracia, de otra manera
pasarían peligro de morir en el momento de nacer. En cambio la santidad fundada en mi Querer
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