complacencia que nos puede dar otra Vida nuestra, ¡y si supieras qué significa darnos la gloria,
el amor, la felicidad de nuestra misma Vida! Con la fuerza de nuestro mismo Querer, porque la
afortunada criatura tiene el gran bien de vivir en Él, nos sentimos raptar, y es tal y tanta su fuerza
raptora, que Nosotros bilocamos nuestro Ser Divino y lo encerramos en el paso, en el acto, en
el pequeño amor de la criatura, para tener el sumo contento de recibir por medio de ella nuestra
Vida, nuestra gloria y todos nuestros bienes. Por eso cuando tú caminas siempre en nuestro
Querer, sentimos el dulce encanto de tu rapto que nos haces, en cambio cuando no caminas,
no sentimos el dulce encanto de tu rapto, el dulce pisar de tus pasos y decimos: ‘La pequeña
hija de nuestro Querer no camina, y por eso no sentimos el dulce rapto de sus actos’. Y yo
solícito te reclamo diciéndote: ‘Hija, camina, no te detengas, nuestro Fiat es movimiento
continuo y tú debes seguirlo’.
(5) Ahora, tú debes saber que ésta es la gran diferencia entre quien vive en nuestro Divino
Querer, y entre quien está resignada y en las circunstancias hace nuestra Divina Voluntad: La
primera son Vidas Divinas que nos ofrece por medio de sus actos; la otra, en el obrar encierra
los efectos de nuestro Querer, y Nosotros no sentimos nuestra misma fuerza raptora que nos
rapta en sus actos, sino sólo los efectos; no sentimos todo nuestro amor, sino una pequeña
partecita de él; no encontramos la fuente de nuestra felicidad, sino apenas su sombra; y de la
Vida a los efectos hay tal diferencia, como entre las vidas y las obras. ¿Quién puede decir que
la obra tiene todo el valor que puede poseer una vida de criatura? Mucho más que no se puede
comparar la Vida Divina que se forma por la criatura en mi Divina Voluntad, y sus obras fuera
de Ella”.
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27-17
Noviembre 30, 1929
Condición del hombre antes de pecar. Cómo en cada
acto suyo buscaba a Dios, encontraba a su Creador, daba
y recibía. La voluntad humana es noche para el alma.
(1) Estaba según mi costumbre comenzando mi giro en la Divina Voluntad, y quería reordenar
todas las inteligencias creadas en orden a Dios, desde el primero al último hombre que vendrá
sobre la tierra, y decía: “Pongo mi te amo sobre cada pensamiento de criatura, a fin de que en
cada pensamiento pida el dominio del Fiat Divino sobre cada inteligencia”. Pero mientras esto
hacía pensaba entre mí: “¿Cómo puedo yo llegar a cubrir con mi te amo cada pensamiento de
criatura?” Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, con mi Querer puedes todo y puedes llegar a todo. Ahora, tú debes saber que
el hombre antes de la culpa, en cada pensamiento suyo que hacía, en cada mirada, palabra,
obra, paso, latido, daba a Dios su acto, y Dios daba al hombre su acto continuado, así que las
condiciones de él eran de siempre dar a su Creador y de siempre recibir. Había tal armonía
entre Creador y criatura, que ambos no podían estar si el Uno no daba y el otro no recibía, para
dar nuevamente su acto, aunque fuese un pensamiento, una mirada; por eso cada pensamiento
del hombre buscaba a Dios y Dios corría para llenar su pensamiento de gracia, de santidad, de
luz, de vida, de Voluntad Divina. Se puede decir que el más pequeño acto del hombre amaba y
reconocía a Aquél que le había dado la vida, y Dios lo amaba correspondiéndole con su amor y
con hacer crecer en cada pequeño y gran acto del hombre su Vida Divina. El hombre era incapaz
de recibir toda junta la Vida Divina, era demasiado estrecho, y Dios se la daba a sorbos en cada
acto que hacía por amor suyo, tomando deleite en darle siempre, para formar en él su Vida
Divina. Así que cada pensamiento y acto del hombre desembocaba en Dios y Dios vertía en él;