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Noviembre 20, 1929
La paz es el perfume, el aire, el aliento de Jesús. Las obras de Dios
están todas ordenadas. Cómo hace primero las cosas menores y
después las mayores. Ejemplo de la Creación y de la Redención.
(1) Estaba pensativa por esta bendita impresión de las verdades acerca de la Divina Voluntad,
y a cualquier costo habría querido impedir que publicaran cosas que me corresponden, y tantas
otras cosas que me ha dicho mi amado Jesús; siento un clavo fijo en el alma que me amarga
hasta la médula de mis huesos. Entonces pensaba entre mí: “El bendito Jesús podía hablar
primero de su adorable Voluntad, y después todo lo demás, así me ahorraría este dolor que
tanto me traspasa”. Pero mientras desahogaba mis amarguras, mi siempre amable Jesús, todo
bondad me ha estrechado entre sus brazos y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no pierdas la paz, ella es mi perfume, mi aire, es el efecto que produce
mi aliento. Así que en el alma en que no hay paz, Yo no me siento en mi morada real, me
encuentro a disgusto, mi misma Divina Voluntad que en naturaleza es paz, se encuentra como
el sol cuando las nubes se ponen frente a la luz e impiden que el sol resplandezca en su plenitud
sobre la tierra. Se puede decir que cuando el alma no es toda paz, no importando cuales sean
las circunstancias, es para ella una jornada lluviosa, y el Sol de mi Voluntad se siente como
impedido de comunicarle su Vida, su calor, su luz. Por eso tranquilízate y no formes nubes en
tu alma, ellas me hacen mal y no puedo decir: ‘Estoy en esta criatura con la paz perenne, con
mis alegrías y con mi luz de mi patria celestial.’ Ahora hija de mi Querer, tú debes saber que Yo
soy orden, y por eso todas mis obras son ordenadas; mira cómo la Creación es ordenada: La
finalidad de la Creación era el hombre, no obstante no creé al hombre primero, si lo hubiera
hecho no habría sido ordenado, ¿dónde poner a este hombre? ¿Dónde apoyarlo? Sin sol que
lo iluminara, sin el pabellón del cielo que le hiciera de estancia, sin plantas que lo alimentaran,
todo era desorden, y mi Fiat reordenó y creó todo, y después de que formó la más bella
habitación, creó al hombre. ¿No se ve en esto el orden de tu Jesús? Ahora, también para ti
debía tener el orden, y si bien nuestra primera finalidad era el hacerte conocer nuestra Voluntad
Divina, a fin de que reinase en ti como Rey en su propia morada real, y dándote sus lecciones
divinas pudieses ser portavoz para hacerla conocer a los demás, pero era necesario, como en
la Creación, preparar el cielo en tu alma, adornarlo de estrellas con los tantos conocimientos de
las bellas virtudes que te he manifestado, Yo debía descender en lo bajo de tu voluntad humana
para vaciarla, purificarla, embellecerla y reordenarla en todo. Se puede decir que eran tantas
especies de creaciones que hacía en ti, debía hacer desaparecer la antigua tierra desordenada
de tu voluntad humana para volver a llamar el orden del Fiat Divino en el fondo de tu interior,
que haciendo desaparecer la tierra antigua de todo tu ser, hiciera resurgir con su fuerza
creadora, cielos, soles, mares de verdades sorprendentes. Y tú sabes cómo todo esto ha sido
madurado con la cruz, con el segregarte de todo, haciéndote vivir en la tierra como si para ti no
fuese tierra, sino Cielo, teniéndote siempre absorbida, o Conmigo, o en el Sol de mi Fiat Divino.
Así que todo lo que he hecho en ti no ha sido otra cosa que orden que se necesitaba para darte
el gran don de mi Voluntad Divina, como le fue dado al primer hombre en el principio de su
creación, y por eso hubieron tantos preparativos, porque debían servir a aquel hombre que debía
poseer el gran don de nuestra Voluntad como su predilecta heredad; símbolo éste de los grandes
preparativos hechos en tu alma. Por eso adora mis disposiciones y agradéceme siendo fiel.
(3) Otro ejemplo es mi Redención, y cómo es necesario hacer las obras secundarias para
obtener el intento de formar las obras primarias de una finalidad prefijada. Mi descenso a la
tierra con el tomar carne humana, fue propiamente esto, de alzar nuevamente a la humanidad y
dar los derechos a mi Voluntad Divina de reinar en esta humanidad, porque con el reinar en la
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