(2) “Mi pequeña hija, ánimo, es verdad que eres demasiado pequeña, pero tú debes saber
que en mi Fiat Divino sólo los pequeños entran a vivir en su luz, y a cada acto que hacen estos
pequeños en mi Divina Voluntad, sofocan la voluntad de ellos, dándole una dulce muerte al
querer humano, porque en la mía no hay ni puesto ni lugar para hacerlo obrar; el querer humano
no tiene ni razón ni derecho, pierde su valor ante una Voluntad, razón y derecho Divino. Sucede
entre Voluntad Divina y humana, como podría suceder a un pequeño niño, que por sí solo le
parece que sabe decir y que puede hacer alguna cosa, pero si es puesto junto a uno que posee
todas las ciencias y es perito en las artes, el pobre pequeño pierde su valor, queda mudo y no
sabe hacer nada, y queda fascinado y extasiado del bello decir y del buen obrar del sabio. Hija
mía, así es como sucede, el pequeño sin el grande se siente que es alguna cosa, en cambio
ante el grande se siente más pequeño de lo que es. Mucho más ante la alteza e Inmensidad de
mi Divina Voluntad.
(3) Ahora, tú debes saber que cuantas veces el alma obra en mi Divina Voluntad se vacía de
la suya, y forma tantas puertas para hacer entrar por ellas a la mía; sucede como a una casa
que pudiese poseer el sol dentro de ella, cuantas más puertas haya, tantos rayos de más salen
por cada una de las puertas; o bien como un metal que fuera perforado, puesto de frente al sol,
cuantos más agujeros tiene, cada pequeño agujero se llena de luz y posee el rayo de luz. Tal
es el alma, cuantos más actos hace en mi Divina Voluntad, tantas entradas de más le da, en
modo de dejarla toda irradiada de la luz de mi Fiat Divino”.
(4) Después de esto estaba siguiendo mi giro en la Creación para seguir los actos del Fiat
Supremo hechos en ella, y mi dulce Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, hay gran diferencia entre la creación de todo el universo y la creación del
hombre; en la primera estuvo nuestro acto creativo y conservativo, y después que fue todo
ordenado y armonizado, nada de nuevo agregamos más. En cambio, en la creación del hombre
no sólo ha estado el acto creativo y conservador, sino que se agregó el acto activo, y de una
actividad siempre nueva, y esto porque el hombre era creado a nuestra imagen y semejanza, y
siendo el Ente Supremo un acto nuevo continuado, también el hombre debía poseer el acto
nuevo de su Creador, que en algún modo lo asemejase, y por eso dentro y fuera de él quedó
nuestro acto activo de continua novedad, y en virtud de este nuestro acto activo el hombre puede
ser, y es, nuevo en los pensamientos, nuevo en las palabras, nuevo en las obras, ¿cuántas
novedades no salen del género humano? Y si el hombre no da su acto nuevo continuado sino
a intervalos, es porque no se hace dominar por mi Divina Voluntad. ¡Cómo fue bella la creación
del hombre, en ella estuvieron nuestro acto creativo, conservador y activo, le infundimos como
vida en su alma a nuestra Divina Voluntad, y pusimos como sangre de su alma nuestro amor.
Es por esto por lo que lo amamos tanto, porque él no sólo es obra nuestra, como todo el resto
de la Creación, sino que posee parte de nuestra Vida, en modo real, sentimos en él la vida de
nuestro amor, y ¿cómo no amarlo? ¿Quién no ama las cosas propias? Y si no las amara iría
contra naturaleza. Por eso nuestro amor hacia el hombre da en lo increíble; pero la razón es
clara, lo amamos porque ha salido de Nosotros, es hijo nuestro y parto de Nosotros mismos. Y
si el hombre no nos cambia su amor con el nuestro, si no nos cede su voluntad para retener la
nuestra, es más que un bárbaro y cruel en contra de su Creador y contra de sí mismo, porque
no reconociendo a su Creador y no amándolo, se forma dentro y fuera de sí un laberinto de
miserias, de debilidades y pierde su verdadera felicidad. Con rechazar nuestra Divina Voluntad
se pone a distancia con su Creador, destruye el principio de su creación, consumiendo la sangre
de nuestro amor en su alma, para hacer correr el veneno de su voluntad humana. Por eso,
hasta que nuestra Voluntad no sea reconocida y no forme su reino en medio a las criaturas, el
hombre será siempre un ser desordenado y sin la semejanza de Aquél que lo ha creado”.
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