27-9
Octubre 24, 1929
En la Divina Voluntad el alma tiene todo en su
poder, porque encuentra la fuente de las obras
divinas, y las puede repetir cuanto quiere.
(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Divino, siguiendo y ofreciendo todos sus actos, tanto
de la Creación como aquellos de la Redención, y llegando a la Concepción del Verbo decía entre
mí: “Cómo quisiera, en el Querer Divino, hacer mía la Concepción del Verbo para poder ofrecer
al Ente Supremo el amor, la gloria, la satisfacción, como si otra vez el Verbo se concibiera”.
Pero mientras esto decía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, en mi Divina Voluntad el alma tiene todo en su poder, no hay cosa que nuestra
Divinidad haya hecho, tanto en la Creación como en la Redención, de la que nuestro Fiat Divino
no posea la fuente, porque Él no pierde nada de nuestros actos, es más, es la depositaria de
todo; y quien posee nuestro Querer Divino posee la fuente de mi Concepción, de mi nacimiento,
de mis lágrimas, de mis pasos, de mis obras, de todo; nuestros actos no se agotan jamás, y
conforme hace memoria y quiere ofrecer mi Concepción, viene renovada mi Concepción como
si de nuevo me concibiera, resurjo a nuevo nacimiento; mis lágrimas, mis penas, mis pasos y
obras resurgen a nueva vida y repiten el gran bien que Yo hice en la Redención. Así que quien
vive en nuestro Querer Divino es la repetidora de nuestras obras, porque así como de la
Creación nada se ha perdido de lo que fue creado, así de la Redención, todo está en acto de
surgir continuamente, ¿pero quién nos da el impulso? ¿Quién nos da la ocasión de mover
nuestras fuentes para renovar nuestras obras? Quien vive en nuestro Querer. En virtud de Él
la criatura toma parte en nuestra fuerza creadora, por eso todo puede hacer resurgir a nueva
vida; ella, con sus actos, con sus ofrecimientos, con sus súplicas, mueve continuamente
nuestras fuentes, las cuales, movidas como por un agradable vientecillo, formando olas y
desbordando fuera nuestros actos, se multiplican y crecen al infinito. Nuestras fuentes están
simbolizadas por el mar, si el viento no lo agita y no vienen formadas las olas, las aguas no
desbordan fuera y las ciudades no quedan bañadas. Así nuestras fuentes de tantas obras
nuestras, si nuestro Fiat Divino no las quiere mover, o quien vive en Él no se da pensamiento
de formar ningún vientecillo con sus actos, si bien están llenas hasta el borde, pero no desbordan
fuera para multiplicar sus bienes en provecho de las criaturas.
(3) Además de esto, quien vive en nuestro Fiat Divino, conforme va formando sus actos, estos
suben al principio de donde salió la criatura, no quedan en lo bajo, sino suben a lo alto para
buscar el seno de Aquél de donde salió el primer acto de su existencia, estos actos se alinean
en torno al principio que es Dios como actos divinos. Dios, al ver los actos de la criatura en su
Divina Voluntad, los reconoce como actos suyos y se siente amado y glorificado como Él quiere,
con su mismo amor y con su misma gloria”.
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27-10
Octubre 27, 1929
Por qué no podía venir el reino de la Divina Voluntad antes
de la venida de Nuestro Señor a la tierra. El injerto de
Jesucristo y el injerto de Adán.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación, e iba siguiendo todos los actos hechos por el Fiat
Divino desde el Edén hasta el descendimiento del Verbo Divino a la tierra; pero mientras esto