aquellos que se ocuparán en hacer conocer su Divina Voluntad”. Pero mientras esto pensaba,
mi dulce Jesús haciéndose ver todo bondad y ternura, de romper los corazones más duros, me
ha dicho:
(4) “Hija mía, si supieras cuánto sufro cuando quiero formar mis obras y hacerlas conocer a
las criaturas para darles el bien que contienen, y no encuentro quién tenga verdadero ánimo,
deseo veraz y voluntad de hacer vida suya mi obra para hacerla conocer, para dar a los demás
la vida del bien de mi obra que siente en sí mismo. Yo cuando veo estas disposiciones en quien
debe ocuparse, que Yo con tanto amor llamo y escojo para las obras que me pertenecen, me
siento tan atraído hacia él, que para hacer que haga bien lo que Yo quiero me abajo, desciendo
en él y le doy mi mente, mi boca, mis manos, y hasta mis pies, a fin de que en todo sienta la
vida de mi obra, y como vida sentida, no como cosa extraña a él, pueda sentir la necesidad de
darla a los demás. Hija mía, cuando un bien no se siente en uno mismo como vida, todo termina
en palabras, no en obras, y Yo quedo fuera de ellos, no dentro, y por eso quedan como pobres
lisiados, sin inteligencia, ciegos, mudos, sin manos y sin pies, y Yo en mis obras no quiero
servirme de pobres lisiados, los hago a un lado, y no poniendo atención al tiempo continúo
girando para encontrar a los dispuestos que deben servir a mi obra. Y así como no me cansé
de girar los siglos y toda la tierra para encontrar la más pequeña, para poner en su pequeñez el
gran depósito de los conocimientos de mi Divina Voluntad, así no me cansaré de girar y volver
a girar la tierra para encontrar a los realmente dispuestos, que apreciarán como vida lo que he
manifestado sobre el Fiat Divino, y éstos harán cualquier sacrificio para hacerlo conocer. Por
eso no soy el Dios impotente, sino más bien aquel Dios paciente, que quiero que mis obras se
hagan con decoro y por personas que lo hagan voluntariamente, no forzadas, porque la cosa
que más aborrezco en mis obras es que la criatura lo haga forzadamente, como si Yo no
mereciera sus pequeños sacrificios; y por decoro de una obra tan grande, cual es el hacer
conocer mi Divina Voluntad, no quiero servirme de pobres lisiados, porque quien no tiene
verdadera voluntad de hacer un bien, es siempre una herida que hace a su alma dejándola
lisiada, sino quiero servirme de personas que suministrándoles mis miembros divinos, la hagan
con decoro, como merece una obra que tanto bien debe aportar a las criaturas y gran gloria a
mi Majestad”.
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27-4
Octubre 7, 1929
Cómo el Fiat Divino es inseparable de sus
obras. Momento terrible de la caída de Adán.
(1) Me sentía inmersa en el Fiat Divino, su luz me circundaba por todas partes, por dentro y
por fuera, y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha estrechado entre sus brazos, y acercándose
a mi boca, desde la suya me mandaba su aliento a la mía, pero tan fuerte que yo no podía
contenerlo. ¡Oh! cómo era suave, dulce, fortificante el aliento de Jesús, yo me sentía renacer a
nueva vida, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que sale de nuestras manos creadoras contiene conservación y creación
continua; si nuestro acto creador y conservador se retirase del cielo, del sol, y de todo el resto
de la Creación, todo perdería la vida, porque siendo la Creación la nada, necesitan en ellos la
obra del Todo para conservarse. He aquí por qué nuestras obras son inseparables de Nosotros,
y lo que no está sujeto a separarse se ama siempre, se tiene siempre bajo la mirada, y forman
una sola cosa la obra y Aquél que la ha creado. Nuestro Fiat que se pronunció en el acto de
crear todas las cosas, se quedó en acto de decirse siempre, para constituirse acto y vida perenne